17 julio 2019
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La Universidad en el escalafón

24 jun 2019 / 03:00 H.
Paco Novelty
Escaramuzas

Nos pasamos la vida escribiendo sobre nuestra Universidad. Versando panegíricos y rimando alabanzas sobre los valores académicos e históricos de la ocho veces centenaria institución, tantas y tan laudatorias, que parece que sus aulas son el centro del universo, hasta que la realidad sacude cada año, con su estaca implacable, el histórico esqueleto de la docta Academia.

Resulta que en el ranking mundial que califica las Universidades ocupamos el numero 650 de la lista, muy lejos del cuadro de honor que copan las 10 primeras clasificadas, 8 de ellas norteamericanas y dos británicas. La primera de las españolas es la Politécnica de Barcelona, que alcanza la plaza 166 del escalafón.

Pero para consuelo de mediocres y lugareños, la nuestra está por delante de Santiago de Compostela y sobre todo por delante de la de Valladolid.¡Toma castaña! El que no se consuela es porque no quiere.

Cierto que cada año, cuando se publica el listado de la clasificación, en el mundo académico hay el mismo nerviosismo que entre los cocineros cuando va a salir la guía Michelín, o entre los multimillonarios cuando aparecen los más ricos en la revista Forbes, pero aquí en las Universidades hay pocas sorpresas. La jerarquía se repite año tras año y no tiene trazas de cambiar.

Aunque en Salamanca cabe mantener alguna esperanza de prosperar en el listado, sobre todo por las expectativas de progreso en el terreno de la enseñanza del español para extranjeros -Salamanca tendría que ser el Cambridge del español- donde se espera que las nuevas inversiones en edificios, con la reforma del Bartolo y la reconversión del antiguo Banco de España de la Plaza de los Bandos en Centro Internacional del Español, supongan un importante aliciente para mejorar y consolidar las propuestas de la Universidad en esa especialidad, que mejorará sin duda nuestra clasificación en el ranking.

Porque de lo demás estamos caninos: presupuesto investigación y publicaciones. Que viene a ser lo mismo.

Sólo nos sobra narcisismo y tradición, que por ahí fuera no se contabiliza como mérito ni hace medrar en el escalafón.