13 junio 2021
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La otra lista de convocados

11 jun 2021 / 03:00 H.

    Entre que se debate si es justo o no vacunar a la selección española de fútbol, y mientras se decide si lo hace el Ejército o lo hacen unos sanitarios, cuando quieran pincharles faltarán unas pocas horas para que jueguen su primer partido y por entonces ya apenas tendrá sentido.

    En esta Eurocopa hay países que han decidido no vacunar a sus futbolistas -como señal de respeto al resto de ciudadanos- y otros que sí les han inmunizado, pero lo hicieron con previsión. Se trata de que te vacunen para que llegues inmunizado al torneo. Con España lo que va a suceder es que cuando los eliminen ya habrán alcanzado la máxima eficacia de la vacuna y se podrán ir de vacaciones a Ibiza sin preocuparse demasiado por la mascarilla. Como si fuera un premio.

    Esto no es cuestión de ponerse en modo cascarrabias y criticar que vacunen a un equipo de fútbol antes que a ti. Existen varios y buenos argumentos para defender esta postura, pero siempre y cuando se hubiera hecho antes. Como a nadie se le ocurrió o nadie se atrevió a proponer que vacunen antes al teatrero de Busquets que al presidente del Gobierno o al mismísimo Rey, ahora lo que tienen que hacer, como cualquier españolito, es respetar la burbuja que se ha creado especialmente para ellos y, por qué no decirlo, con todo tipo de comodidades. Ya sabemos que la mascarilla es un incordio pero no será para tanto. Seguro que se está peor en Topas que en el hotel de España.

    Si todo el mundo cumple con las distancias, la higiene y la dichosa mascarilla, no debería pasar nada.

    Una vez llegados a este punto lo que no se puede hacer es decirle a un futbolista de veintipico años que le van a vacunar para que esté tranquilo en el hotel, mientras que a las cajeras del supermercado, a los taxistas o a los camareros se les regaña por plantearse anteponer las vacaciones a la fecha de la vacunación. ¡Cómo se os ocurre en mitad de una pandemia!, les afean.

    Después de un año casi encerrados en casa, sin poder salir de tu comunidad, con una Navidades de aquella manera y sin poder tomarte un café en un bar, lo mínimo que espera el ciudadano ahora que las cosas empiezan a ir bien es que le ayuden un poco. Aquí nadie quiere saltarse la vacunación. La respuesta es brutal. Ojalá pudiera ser antes, incluso, pero los gobiernos –en este caso autonómicos- tienen que poner las cosas fáciles.

    Para empezar se está convocando a los ciudadanos, a veces, con solo 48 horas de antelación. No son solo las vacaciones, que puede sonar un poco frívolo. Hay gente que trabaja, que cuida de otras personas... son mil situaciones. Ya no entramos a criticar que no haya una llamada o un simple SMS al móvil. Hay que estar atentos a diario, pero hasta que llega esa convocatoria, la gente hace sigue su vida y hace planes. No es lo mismo reservar en primavera un hotel para agosto que intentar hacerlo justo la semana antes.

    ¿Cómo se puede ayudar a los ciudadanos que no tenemos la suerte de haber sido convocados por Luis Enrique?

    Varias autonomías han habilitado un sistema de autocita similar a cuando pides fecha en Hacienda o en la ITV del coche. Se despliega un calendario y ahí eliges el día y hora que mejor te vengan. Castilla y León no lo ha hecho, pero ha dejado caer otra fórmula, que es la de ‘jugar’ con las repescas para la primera dosis, junto con la opción de aplazar una o dos semanas el pinchazo de la segunda dosis. Lo de las repescas ya se sabe que funciona, pero convendría aclarar bien cómo se gestionará esa segunda dosis aplazada: si hay que pactarlo con tu centro de salud, si se avisa cuando recibes la primera o si te plantas directamente en otra convocatoria que no sea la tuya y dices que tienes una vacuna pendiente. Eso es lo que tiene que dejar claro la Consejería de Sanidad.

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