11 diciembre 2019
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La fortaleza femenina

20 oct 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

Ya tenemos a la Feria del Libro Antiguo en la Plaza Mayor, cuyo cartel anunciador lo protagoniza una mujer en bicicleta con aires vintage. Es una de las mujeres de esta semana, que se abrió con Ana María Carabias, historiadora, dando una de las noticias culturales del año: Beatriz Galindo no pasó de criada de cámara de Isabel La Católica y Luisa de Medrano no pudo ser catedrática. Una noticia que rivaliza con la película de Amenábar dedicada a Unamuno, presente en corros del encuentro sobre la fuga de cerebros celebrado en el Centro Documental de la Memoria, donde ayer hubo homenaje a José Luis Abellán, Nicolás Sánchez-Albornoz y Manola Ruiz-Funes, nonagenaria, hija de un ministro de Azaña, que saltó desde México el charco para la cita. Eso es fortaleza. La fortaleza femenina de la que habló Juan Francisco Blanco en la Casa Lis coincidiendo con el día dedicado a la mujer rural, que coincide, a su vez, con la fiesta de Santa Teresa. Habló Blanco de esa mujer rural fuerte, silenciosa y silenciada, culpable de portar la desgracia de Eva y la mala prensa de las brujas, potencialmente peligrosa en “esos días” y mantenedora de tradiciones, costumbres, demografía, familias...Desde “sus labores” era imprescindible, aunque nadie se lo reconociera, sino todo lo contrario. Citó el etnógrafo a mujeres que encontraron la libertad y desarrollo personal en un convento y no en el matrimonio, justo unas horas antes de presentarse el libro de una monja de las isabeles del siglo XVIII, cuya vida no fue precisamente feliz, según el autor, Francisco Javier Lorenzo. Y citó Blanco la costumbre perdida de llevar a los recién nacidos a la tumba de sus ancestros para ser conocidos y de cómo las parteras eran con frecuencia las amortajadoras. Dos asuntos para meditarlos de aquí a Santos y Difuntos, y recordar la fiesta que México celebra en los cementerios junto a los suyos: comida, tequila, mariachis...

El viernes, también la vida y la muerte estuvieron presentes en Fonseca en una reunión sobre los últimos tramos de la vida, y escuché el diálogo emocionante de dos psicólogas, Ruth Martín y Cristina Catalina, sobre la vida: ¿qué es la vida para cada uno de nosotros? Y fue emocionante atender a lo que relató Ana María Nielsen, voluntaria de paliativos. En esos momentos terribles basta con escuchar y acompañar, nos dijo, y una corriente de emoción sacudió la capilla del Colegio llena de asistentes. De nuevo la fortaleza femenina. Al lado, en el claustro, se inauguraba una exposición dedicada a los hitos deportivos salmantinos publicados en “Marca”. Allí estaban Rosa Colorado y Dori Ruano, que son referencias del deporte local. Anda que no tardó la prensa deportiva en citaros, les dije. Omito la contestación, pero es fácil imaginarla.

En mis notas ha habido esta semana más mujeres que hombres. También en la primera fiesta universitaria se han visto más alumnas que alumnos, y de nuevo ha habido que explicar a los extranjeros que no estamos en carnavales, sino que aquí las fiestas universitarias se celebran con disfraces.

Los libros viejos, que pocas veces cuentan en qué manos estuvieron, ya están aquí, como la lluvia de otoño. Cada uno de ellos tiene su historia o sus historias, de las que llegamos a saber algo por un papel olvidado, una firma, una fecha, una dedicatoria o un olor. Me gusta contar que en mis estanterías hay un libro de cocina que huele a sopa de cocido. Perteneció a una bibliófila salmantina. Está firmado. Y escribo huele, porque acabo de abrirlo y el olor permanece. Los libros viejos tienen mucha vida, aunque sus propietarios y los protagonistas hayan muerto. Estos, claro, en alguna página.