25 mayo 2020
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La cura

20 may 2020 / 03:00 H.
Maite Conesa
Diario Quincenal

Pisamos de nuevo las calles de nuestras ciudades, como si metiéramos un pie en el agua fría del río veraniego que nos alivia y nos escalofría, pero nos zambullimos enteros hasta confiarnos en el bienestar de su acogida. Han enfermado con nosotros, se han sobrecogido con nuestra pena y se han empequeñecido con nuestra ausencia. Ciudades nodrizas que nos han alimentado en la dificultad y que hay que mirar con los ojos muy abiertos y la boca tapada, con ese nuevo atuendo de ciudadanos en proceso de adaptación y una L imaginaria de novato en la espalda. Sobre sus calles, tenemos la misión diaria de manifestar que estamos vivos, con la recuperación del sonido de nuestros pasos y la presencia de nuestra sombra en la indolencia del paseo, porque hemos sido ciudadanos sin sombra, sin presencia.

Y ellas esperan una cura, como nosotros. La enfermedad está en el aire y en la suspensión del aliento de sus espacios públicos y de convivencia. Quizá tenga esta vuelta el miedo vigoroso del escritor a su inicial página en blanco. Porque todo en este momento está por tachar y reescribir, es conveniente y necesario reimaginar la ciudad.

Hay muchas dudas en el ambiente sobre dónde podrán agruparse las personas en torno a un espectáculo, a un interés cultural o de ocio común. Vamos a necesitar nuevos entornos para canalizar nuestros sentimientos de comunidad rota. Porque es la ciudad un espacio emocional, no solo el escenario de tránsito entre nuestros intereses personales, económicos o laborales; donde situamos recuerdos y palabras imborrables de nuestra biografía. Para muchos arquitectos, la invitación a moverse por ellas sin importar el tiempo y los recursos de transporte está llamada a desaparecer. Hay que diseñar el nuevo medioambiente público, en espacios en los que apenas habíamos reparado. Entornos más abiertos, sin caminos prediseñados, donde los componentes no humanos de las ciudades compartan más nuestro espacio. Animales y plantas ya nos han avisado de que en ocho semanas son capaces de conquistar nuestras aceras sin miedo.

La tendencia es de multiespacio, con muchas ofertas culturales en distintos espacios, sin grandes aforos, vinculados a los barrios urbanos, a la identidad de lo más cercano. Un medio donde el ciudadano esté seguro, no tenga que transportarse muy lejos y pueda disfrutar en convivencia con personas vinculadas por unas señas identitarias comunes. Y a la vez, un desplazamiento generalizado a las afueras de las ciudades, como en el caso de los autocines que intentan poner en marcha empresarios de la Comunidad.

No sabemos bien la ciudad que nos espera, a pesar de que tenemos la experiencia de siglos construyéndolas. A ellas regresamos siempre con la idea de Marco Polo cuando, postrado ante el Kublai Kan, contaba el mundo visto en sus viajes con la sensación de ambos de no haber abandonado nunca su maravilloso jardín.