29 enero 2022
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La Cicciolina de los veganos

10 ene 2022 / 03:00 H.

    En política hay dos taras muy peligrosas. Una es la ignorancia. La otra, propugnar una ideología rancia y carcomida. En Alberto Garzón convergen ambas. Me he tomado la molestia de leer con detenimiento la entrevista que el ministro de Consumo concedió al diario británico ‘The Guardian’. Incluso lo he hecho con la respuesta completa a la pregunta más polémica que él mismo publicó traducida en Twitter. Los defensores de lo indefendible ensalzan que el personaje en cuestión “piropeara” a la ganadería extensiva. Y digo yo, ¡faltaría más! No hacerlo sería muestra de que su nivel de necedad y vileza llegaría a límites todavía más insospechados.

    Lo preocupante de la cuestión, que debería haberle costado el puesto de manera inmediata, es que asevera que la carne que sale de animales criados en intensivo es de “peor calidad”. Afirmar esto de una manera taxativa es, además de una completa falsedad, un misil en la línea de flotación de nuestro sector ganadero. Y mucho más cuando estos términos aparecen en un medio británico de una gran repercusión internacional. No hace falta ser muy avispado para prever las consecuencias que esto puede tener en las exportaciones de todo tipo de productos cárnicos.

    Un ministro nunca puede ser un activista. Debe medir todas y cada una de sus palabras. Y mucho más cuando se interna en ámbitos que no son de su competencia (una vez más ha pisado al invisible Luis Planas). Garzón olvida que, igual que el pequeño comercio convive con los hipermercados, los centros comerciales y los almacenes de mayoristas; las grandes explotaciones tienen que hacerlo con las de menor tamaño. Es cuestión de números. Es más. Los planteamientos del comunista van en la dirección opuesta a lo que teóricamente pregona su rancia ideología. Aboga por una carne para una elite. Muy ecológica, pero prohibitiva para las clases populares. Si algo consiguen las grandes granjas es que los productos de cerdo o de vacuno sean asequibles y baratos. Unas explotaciones que, por cierto, se someten a rigurosos controles que él parece desconocer o, lo que es peor, obviar.

    Hay otra frase textual del ministro que resulta más sangrante. “Nunca hemos dicho que no haya que comer carne, sino que hay que reducir su consumo”. Afirmar algo así en España, uno de los países del mundo con una dieta más rica y equilibrada, es una completa insensatez. Eso sí, es lo suficientemente avispado para no ir por las bravas negándonos el derecho a disfrutar de las viandas animales, pero sí va dejando una semilla para que vaya calando su verdadera y perversa visión de este mundo. La clave de todo esto es que Garzón es el vocero del peligroso, hediondo y fascista ‘lobby’ vegano radical. Son sus votantes y acólitos. Los que le siguen aupando a pesar de que su partido, IU, hace tiempo que es un cero a la izquierda (valga la redundancia) en la política nacional. Este riojano de nacimiento se debe a un movimiento que pretende acabar con el medio rural. Eso sí, lo intentan hacer poco a poco. Primero atacando a ese concepto etéreo llamado ‘macrogranja’, y luego yendo a por el resto de ganaderos. No cabe ninguna duda. Son fanáticos que no conciben algo tan básico como que los animales domésticos están a nuestra entera disposición. Su cría nos faculta disponer de ellos para alimentarnos o para que se practique, por ejemplo, el bello arte del toreo. Garzón niega esa mayor, aunque su suculento sueldo le obligue a ir con más tiento.

    Todo cuadra. Ese movimiento que tiene al ministro de Consumo como su particular Cicciolina, es el mismo que ha logrado prohibir la caza del lobo. Mal llamados ecologistas (‘ecolojetas’ es su verdadera denominación) que mientras el meloncillo devora a terneros recién nacidos ellos pregonan que esta especie es “fundamental” para el medio ambiente. Todos los que creemos en la agricultura, la ganadería y el medio rural tenemos que alzar la voz antes de que esta secta repugnante siga partiendo el bacalao en el Consejo de Ministros gracias a títeres como Alberto Garzón.

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