06 diciembre 2019
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La boda de la infanta

19 oct 2019 / 03:00 H.

Circula un meme en redes sociales que apela en tono jocoso a resolver el conflicto catalán como en la Edad Media, casando a una hija de Felipe VI con un hijo de Torra. Afortunadamente no vivimos en la Edad Media, aunque la batalla campal de Cataluña sea lo suficientemente medieval como para inspirar al ingenioso creador del meme quien, por cierto, debe de ser republicano.

Una boda real de verdad, la de los Reyes Católicos, nos llevó hasta aquí, pero con la diferencia de que si entonces con el sí de Isabel y Fernando se produjo una unión de reinos que mantuvieron distinta moneda, fiscalidad o idioma, ahora vivimos las mismas diferencias de territorios bajo otro nombre, el llamado Estado de las Autonomías que ideó Adolfo Suárez. Si como defendía Rajoy, España surgió con los Reyes Católicos como nación -algo que le han discutido historiadores-, el conflicto catalán casi nos devuelve al punto de partida de esa España unida/dividida.

Hay diferencias entre entonces y ahora, es cierto. Como no estamos en el siglo XV todo es bastante más democrático y solidario y, por ejemplo, la factura de los disturbios de Barcelona saldrá del bolsillo de los ciudadanos que tenemos contratado un seguro. Con los recargos que nos cobran por asegurar la casa o el coche repondremos los contenedores incendiados o el mobiliario urbano que se han cargado los asilvestrados, pero seguro que si les juzgan y condenan después a multas, ese dinero no retornará a nuestros bolsillos. Como además somos civilizados, aguantamos que a pesar de nuestra solidaridad robada nos encontramos con víctimas directas de estos ataques que ven al Estado con la cerilla que incendió su coche, aunque la llevara el bestia de la “kale borroka” catalana. Algunos tienen serias carencias de cuna y no necesariamente por culpa suya.

Adolfo Suárez firmó ese Estado de las Autonomías, auténtica torre de babel ingobernable de culturas y derechos que ya se ha desentendido de la premisa de la primacía de la Constitución que exigía la figura clave de la Transición. En una de sus intervenciones más recordadas sobre su idea de autonomía gradual, Suárez apuntaba al “imperio de la ley” para garantizar tranquilidad, orden y seguridad ciudadana. Se ve que 1980 queda lejos.

Luego llegaron las concesiones para alcanzar la Presidencia del Gobierno. Primero Felipe González, que cedió con la corresponsabilidad fiscal y el desarrollo pleno de los estatutos de autonomía. Luego José María Aznar, que propició el nuevo sistema de financiación y la ley de Política Lingüística. Y más tarde Zapatero, que redactó el Estatuto catalán, patata envenenada para un Rajoy que le hizo el trabajo sucio a Sánchez. De la inacción de todos, que permitieron a Cataluña y a otras comunidades adoctrinar porque interesaba mirar para otro lado, llega la España actual, que desde Cataluña y otras comunidades niega su propia existencia. De hecho la ministra Celáa dedicó 20 segundos a la omisión en los libros catalanes de la existencia de los Reyes Católicos.

Igual que ella, el resto del Gobierno de España deja hacer. Los Mossos se baten con los independentistas; la sociedad catalana de bien con los salvajes revolucionarios... y Pedro Sánchez contempla desde la distancia la batalla campal, en una operación tan inteligente desde el punto de vista de negar la evidencia y que sean otros quienes peleen, como mezquina y cobarde desde el humano, porque es el presidente de España quien abandona al pueblo catalán a su suerte. Mientras se desangra, Moncloa asegura al mundo, con la vista de la Sagrada Familia cerrada por la barbarie, que Barcelona es una ciudad tranquila.

Un motivo para la esperanza: la convocatoria de huelga general desveló que en Cataluña “la pela” sigue siendo “la pela” y descubrió una sociedad frágil por el bolsillo. Ya lo dijo Bernat Dedéu, antes filósofo cabecera del independentismo y ahora desengañado del Procés por las mentiras de los políticos: “Una parte de la clase política catalana no aguanta 5 meses sin sueldo”. Si Pedro Sánchez quiere, no hace falta que envíe tanques a Las Ramblas, sólo ha de tener claro que la mejor arma está en que la pela sigue siendo la pela.

El “moderado” Pedro Sánchez prefiere sin embargo reenviar el meme a Iceta, echar unas risas y “calmar los ánimos” desde su sofá.