24 enero 2021
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La agonía de los hosteleros

    Las Navidades han disparado los contagios a una velocidad tan elevada que Salamanca, Castilla y León y toda España se están asomando de nuevo al precipicio del confinamiento domiciliario. Sería el último recurso para frenar la expansión de la pandemia y constituiría un auténtico desastre, quizás la puntilla, para muchos negocios. Da miedo solo pensarlo.

    Estamos pagando muy caro el intento de ‘salvar la Navidad’ en el que, seguramente con toda la buena intención, nos embarcaron el Gobierno de Pedro Sánchez y la Junta de Alfonso Fernández Mañueco. En Salamanca, y en la mayor parte de Castilla y León, los contagios estaban en niveles muy bajos durante todo el mes de diciembre, con los bares, los restaurantes, las grandes superficies y los gimnasios abiertos. Pero tras las fiestas, a partir del 5 de enero, la curva se ha disparado. Mirando la estadística, parece claro que esta tercera ola ha sido provocada los encuentros entre familiares y amigos, a los que se dio vía libre hasta el número máximo de diez personas de dos grupos de convivientes, pero, una vez pasadas las vacaciones y logrado el objetivo de ‘salvar’ los afectos y las amistades (que son muy importantes, no vamos a negarlo), la Junta ha cerrado los bares, los restaurantes, los gimnasios y las grandes superficies, sin disponer de un solo estudio que avale la relevancia de estos lugares como centros de contagio masivo. Hay pocas noticias de brotes en la hostelería y en lo que respecta a grandes centros comerciales y gimnasios, ninguna.

    La consejera de Sanidad, Verónica Casado, protagonista de una gestión caótica y desacreditada por los continuos cambios de rumbo y de criterio, reconoce esa falta de datos, pero se agarra a que en las oleadas anteriores el cerrojazo a los sectores ‘marcados’ ha funcionado. Lo que no dice es que estando abiertos la incidencia del virus también ha seguido bajando.

    En el Gobierno central tampoco lo tienen nada claro. El Ejecutivo socialcomunista permitió la relajación navideña, pero ahora le echa la culpa a las autonomías. Y es que Sánchez e Iglesias, en esto del coronavirus, pasaban por allí y ya no quieren saber nada. El ministro filósofo, que está de precampaña al cien por cien (todo lo contrario de lo que asegura el propio titular de Sanidad), habló al fin, aunque mejor estaba callado. “Eran las medias adecuadas [las de Navidad] con la información que teníamos”, dice ahora Illa. Al parecer, nadie le avisó de que los contactos sociales traerían la tercera ola. Es urgente poner al ministro al día de las previsiones de los epidemiólogos.

    Más sincero estuvo el pánfilo Simón, que al menos tuvo un atisbo de arrepentimiento: “Lo hemos pasado quizá demasiado bien estas Navidades”... y eso sin hacer surf en Portugal.

    Entre todos la han liado parda, y los paganos son los hosteleros, El Corte Inglés y los gimnasios, que no han hecho sino cumplir las restricciones y seguir los consejos en cuanto a medidas de protección en todos estos meses.

    Para hacerse una idea del calvario que están viviendo los hosteleros basta con echar un vistazo al gráfico que publica este periódico en la página 6, con toda la sucesión de cierres y limitaciones a los que han sido sometidos los bares y restaurantes desde mediados de marzo. Diez meses de agonía que culminan ahora con un nuevo cerrojazo, que muy probablemente se alargará más allá del día 26 de este mes.

    La situación de este sector, clave en la economía salmantina, es ahora mismo agónica. Y son los mismos que le están apretando el cuello, la Junta y el Gobierno, Mañueco y Sánchez, los que deberían lanzarles ese flotador que no llega. Hasta ahora no han recibido ni un euro de ambas administraciones. Mucha rebaja de cotizaciones, mucho apoyo a los créditos e inversiones (¡están como para invertir!) pero ninguna ayuda directa. El único que se salva es el Ayuntamiento, cuyo alcalde, Carlos García-Carbayo, ha puesto todo de su parte para evitar el hundimiento de los hosteleros. Lástima que el Consistorio no disponga de los cuantiosos fondos Covid destinados al Gobierno central y a las autonomías. Otro gallo les cantaría.

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