08 julio 2020
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Juicios de ignorantes

29 jun 2020 / 03:00 H.

    Somos muy dados a juzgar episodios del pasado con los ojos del presente. Etiquetar determinados comportamientos con expresiones modernas que años o siglos atrás se desconocían por completo. Intentar explicarnos cómo algunas personas pudieron realizar actos que en el año 2020 serían impensables. Cualquiera con dos dedos de frente renunciaría a cometer semejante acto de ignorancia, a no ser que tenga la capacidad de viajar en el tiempo y ponerse en la piel de aquellos hombres y mujeres del pasado. Sin embargo, tal desfachatez está a la orden del día.

    El último en sumarse a este comportamiento insolente ha sido el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith. Este maestro de la verborrea vacía de contenido se ha atrevido a difamar a uno de los intelectuales más notables que ha dado la historia de España. Juzgar con los ojos del siglo XXI alguna de las ideas de Castelao es inútil y muy atrevido. El polifacético galleguista es patrimonio de todos los que han nacido en esa tierra. Independientemente de que sean de izquierdas o de derechas. De que se sientan gallegos y españoles o solo gallegos. Además, detesto que se juzgue a determinados creadores por sus ideas y no por su trabajo. Si siguiéramos los pasos de Ortega Smith; Machado, Miguel Hernández o Lorca solo serían ‘propiedad’ de una parte de España.

    Lo insultos de “fascista, antiespañol y xenófobo” que el dirigente de Vox le dedicó a Castelao tienen otra connotación. El galleguismo siempre ha sido bien aceptado en el resto de España. Galicia no es el País Vasco, ni, por supuesto, Cataluña. Si en una verbena tocan una muñeira, nos ponemos todos a bailar. Pero si suena una sardana, lanzamos huevos a los músicos (entiéndase la ironía). Si Luar na Lubre canta en gallego en la Plaza Mayor como sucedió en las pasadas Ferias y Fiestas, nos emocionamos. Sin embargo, sería más complicado que un artista lo hiciera en catalán (salvo que fuera el gran Serrat). El gallego nos suena musical y melodioso. El catalán, nos provoca una mueca extraña. Nos encanta disfrutar del pulpo a feira y de la empanada de zamburiñas, perdernos por las Islas Cíes o hacer con orgullo el camino de Santiago. Por algo en una reciente encuesta en la que se preguntaba por las regiones que provocan mayor simpatía, Galicia ocupaba uno de los primeros lugares. No es que personalmente tenga nada en contra de la cultura y tradiciones catalanas, pero el nacionalismo golpista las ha enfangado de tal manera que es lógico y normal que generen tanto rechazo.

    Es paradójico que Ortega Smith haya caído en lo que continuamente critica de la izquierda española. Gran parte de la mal llamada memoria histórica es eso. Rendir cuentas con pasajes de la historia que ya están cerrados con dos candados. En Alemania nadie se pone a revisar el nazismo. Otra cosa es luchar contra aquellos que quieren recuperar esas ideas caducas. Y si hablamos de ideas caducas, el señor Smith tiene un doctorado.

    Esa misma ignorancia es la que han demostrado los excrementos humanos que han atacado las estatuas de Miguel de Cervantes y Junípero Serra en Estados Unidos. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, han mezclado churras con merinas lanzando su ira por el asesinato del afroamericano George Floyd. Pero para encontrar analfabetos de este calibre no nos tenemos que ir a Estados Unidos. Sonia Vivas, concejala ‘podemita’ en el Ayuntamiento de Palma pidió que también se atacara la estatua del franciscano español en la capital mallorquina, como finalmente se hizo. Y Ada Colau se planteó eliminar el monumento a Colón de Barcelona y llegó a hablar de las “víctimas del colonialismo”. Si no podemos juzgar a Castelao ni la Guerra Civil, mucho menos lo que sucedió hace más de 500 años.

    Los que tienen que recurrir al pasado para tejer sus argumentos, es porque no tienen absolutamente nada que aportar sobre los problemas del presente. Y en ese caso, lo mejor que es que cierren el pico para no provocar más tensión y crispación.