28 septiembre 2020
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Impavantes y vanipavos

03 ago 2020 / 03:00 H.

    En su suculento diccionario de salmantinismos, Francisco Blanco dice que el término impavante se aplica a un tipo presumido o presuntuoso, que va por ahí jactándose de todo. Es pues palabra muy charra con referencias escritas de su uso por gente de Retortillo, El Cubo de Don Sancho o Bocacara, sin ir más lejos.

    El mismo rango despectivo tiene la palabra vanipavo, un híbrido inventado por el ínclito Valle Inclán aplicado a su personaje del Ruedo Ibérico, el Marqués de Torremellada, que era presumido, cargante y pueril.

    Parece que no tiene el pavo predicamento de prestigio ni en la literatura culta ni en el acerbo popular, por eso se puede hacer un ejercicio doméstico fácil para ver a cuáles de nuestros políticos, repartidos por todo el espectro, les cuadra más ser impavantes o vanipavos, muchos y de todos los colores, incluso hay algunos que parece que todavía no han abandonado la denostada edad del pavo. Cada uno aplicará a distintos políticos tales dardos dependiendo de sus manías o preferencias, pero algunos son de fácil identificación, sobre todo uno que llegó para asaltar los cielos y sólo ascendió hasta la Sierra de Madrid.

    Y, sin embargo, el pavo como animal comestible está de moda, porque según dicen su fiambre apenas tiene grasa y es muy utilizado por las gentes que están a método a perpetuidad. Hasta hacen una longaniza de pavo de inquietante aspecto, que ocupa muchos metros en las estanterías de los supermercados que ahora se llaman lineales.

    Este pavo embutido en fiambre o longaniza, que será sano pero es insípido y sin gracia, procede de enormes animales de hasta veinte kilos criados en cautividad en granjas industriales y ahora nos los zampamos por estar a dieta o por influencia del cine americano, donde en el Día de Acción de Gracias dan cuenta en familia de un enorme pavo asado.

    Qué diferentes de aquellos suculentos pavos navideños, montaraces y criados con bellota, que hace muchos años traían las paveras al Mercado Central para la mesa de Noche Buena... que se ve tan lejana desde estos calores que tienen achicharrados hasta los impavantes y vanipavos más conspicuos.