02 marzo 2021
  • Hola

Illa y los hámsteres

    El 23 de enero de hace justo un año Salvador Illa reunía a su equipo y elaboraba un protocolo frente al coronavirus. El asunto era de tal gravedad, que en la web de Sanidad se aseguraba que mantendría reuniones diarias para el seguimiento del covid y la Organización Mundial de la Salud había declarado la emergencia internacional. Siete días después fue diagnosticado el primer caso en España y el 13 de febrero, la primera muerte.

    Pero como las manifestaciones del 8 de marzo eran prioridad para Pedro Sánchez, el coronavirus se apartó unos días y a Illa, siempre a la orden de Moncloa, no le importó apagar el piloto de alertas para que miles de mujeres, entre ellas la del presidente, pudieron gritar “sola o borracha quiero llegar a casa”. Como las lideresas conocían la gravedad de la situación, quedó la imagen de la ministra Celaá sujetando la pancarta con la protección de sus guantes morados de látex.

    A Illa no le importó mirar para otro lado pese al inmenso riesgo: el 8 de marzo se habían notificado en España ya 589 casos con 17 fallecidos.

    Una vez logrado el objetivo de contentar al feminismo, Sánchez comparecía seis días después, el 14, para declarar el estado de alarma. Entonces el número de casos notificados ascendía ya a 5.753, con 136 fallecidos y 293 ingresados en la UCI. Pero se había celebrado el 8-M.

    No todo el mundo vale para ser Illa. Hombre educado, correcto, que no levanta la voz... capaz de hacer lo que sea. Era tan consciente del riesgo del 8-M, que luego se supo que tres días antes había prohibido celebrar un congreso religioso. Delante de las cámaras su ‘miniyó’ Simón restaba importancia a las concentraciones con aquello de que si su hijo le preguntaba si podía ir al 8-M, “le diré que haga lo que quiera”. Como no podía ser de otra forma, el 27 de marzo el educado Illa echó la culpa del 8-M a las comunidades.

    Hombre de gestión ineficaz, el ministro centralizó las compras y dejó sin equipos de protección a toda España; no dudó en engañarnos diciéndonos que las mascarillas no servían; o, entre otras muchas barbaridades, negó la utilidad de los test de antígenos o dejó abierto Barajas al covid cuando para el jefe la prioridad era el turismo. Ahora que se habla de los políticos jetas -o el Jemad- que se cuelan para ponerse vacunas, no olvidemos que cuando no había PCR para sanitarios y las residencias eran morgues, esas pruebas circularon entre los miembros del Gobierno como el café.

    Illa no dirige Sanidad sino un Ministerio al servicio de Moncloa y ahora la prioridad está en las elecciones catalanas: el CIS de Tezanos ha constatado que la sociedad catalana adora al ministro, que puede ser el nuevo president, y esa oportunidad de conquistar Cataluña no la puede dejar pasar Sánchez. Obediente, Illa no ha dudado en volver a apagar el piloto de avisos por covid hasta nueva orden, sin importarle muertos o contagios. Sánchez quiere Cataluña y él se la va a entregar, aunque nos cueste la vida a los demás.

    Si, como debería por la gravedad y por seguir sus propias normas, Illa endurece las restricciones sanitarias, no se celebrarían las elecciones catalanas el 14 de febrero y en esa demora el PSOE teme perder la oportunidad de reinar. Igual que el 8-M debía celebrarse, las elecciones del 14-F, también.

    No se puede desperdiciar tanto trabajo de meses, tantos enfrentamientos forzados por Moncloa con Madrid, el ariete para reinar en Cataluña. Por eso Illa, hombre sin escrúpulos pero, eso sí, muy educado y correcto en sus formas, no tuvo, por ejemplo, ningún inconveniente en usar datos de contagio viejos para declarar el pasado octubre el estado de alarma en Madrid. Ahora con más contagios en España, UCIS colapsadas y positividad disparada, a Illa no le interesa hacer nada... salvo quitarle dosis de vacuna a Madrid para regalárselas a Andorra, donde hay votantes en las catalanas.

    Illa gusta porque es sereno en la crispación. Es capaz de hacer todo lo anterior, que no es más que el cinismo hecho política, lograr que salte el adversario y cuando se enfada, alabarle para encima quedar bien. Para gobernar a tus ciudadanos como si fuéramos hámsteres, hay que valer. Pero ya para que encima los hámsteres te vean como el mejor tienes que ser un fenómeno... o los ciudadanos ser realmente hámsteres.

    Recupera variable LOGO:
    https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/d02eb2dc-2fcb-4c80-a2f6-a5cfab1e30e3.svg

    https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/a835bb89-65e8-449c-9619-d30e7c8e74ec.png