14 agosto 2020
  • Hola

Iglesias sigue sin dimitir

15 jul 2020 / 03:00 H.

    Podemos se despeña y Pablo Iglesias sigue sin asumir ningún tipo de responsabilidad. Tres días después de hundir el partido en Galicia y el País Vasco, Iglesias continúa sin presentar su dimisión como líder material y espiritual del fracaso de Podemos y sus confluencias, aunque como ha dicho el otrora cofundador de los morados, hoy repudiado, Íñigo Errejón, en el partido hoy solo quedan los cuatro de Izquierda Unida “vendidos” por Alberto Garzón a cambio de una cartera ministerial que, por cierto, es tan innecesaria como prescindible y más en estos momentos de crisis económica.

    La mejor noticia o la única buena de la doble jornada electoral del domingo es el descalabro si parangón de Podemos o de sus filiales. En Galicia, “En Marea” ha desaparecido. El líder Pablo Iglesias ha obrado el más difícil todavía y de los 14 escaños que tenía se queda sin representación. Y en el País Vasco ha pasado de 11 a 6 diputados, casi la mitad de la representación que tenían los morados. Pero nadie cree que el comunista Iglesias presente su dimisión.

    Hace casi un año aseguró en una entrevista en Televisión Española que si obtuviera malos resultados, que inmediatamente pondría su cargo a disposición del Consejo Ciudadano y de los inscritos. También es cierto que ya se ha encargado él, como buen chavista, de eliminar cualquier atisbo de crítica en la dirección de los morados. Luego, no se espera que lo que queda dentro le vaya a pedir explicaciones por el desastre. Todos los que han cuestionado sus actuaciones, han encontrado rápidamente la puerta de salida, incluidos amigos fundadores y amigas despechadas.

    Con la purga interna impuesta por el poco democrático Pablo Iglesias, hoy Podemos no lo conoce ni la madre que lo parió, que diría Alfonso Guerra. Es el partido menos democrático que existe y el que más culto rinde al líder. Y el líder es hoy el vicepresidente del Gobierno de España, con más sobras que luces, bueno qué digo: con una gestión opaca y nefasta, pero no dimite. Enterrará al partido mientras él, gracias a Pedro Sánchez, pueda seguir calentando la poltrona en el Consejo de Ministros y colocando a amigos, conocidas y parejas.

    Lo más que podemos esperar es, como ha dicho, hacer “una profunda autocrítica y aprender de los errores que sin duda hemos cometido”. También echará la culpa a alguien de los que ya no están, por supuesto.

    No he visto un personaje con menos escrúpulos que Pablo Iglesias. No es extraño que Pedro Sánchez haya contado con él contra todo pronóstico, porque tanto uno como el otro son capaces de sostener una cosa y la contraria sin sonrojarse.

    En cualquier otro partido, las sucesivas derrotas tendrían un nombre: la dimisión del líder. Pero Iglesias reunirá a sus fieles y saldrá culpando a los críticos de la debacle electoral. Pedro Sánchez sonreirá porque cuanto peor le vaya a Podemos mejor le irá a los “sanchistas”, que tampoco están para tirar cohetes después de los resultados electorales de este pasado domingo.

    Muchos creen que Pedro Sánchez tampoco puede sacar pecho de las dos elecciones autonómicas. Yo creo que sí. El resultado electoral ha sido extraordinario para la nefasta gestión que ha hecho de la pandemia, de la carencia de un proyecto creíble en Europa para la recuperación económica y del desgobierno con los comunistas que lo están llevando al huerto para destruir el régimen democrático, incluida la monarquía parlamentaria encarnada hoy en el Rey Felipe. Sánchez e Iglesias tienen más cosas en común de las que les gustaría a sus respectivos electorados y si ayer el Gobierno urgió a la Casa Real a tomar decisiones contra don Juan Carlos es porque lo propone Iglesias y lo quiere el presidente. Uno y otro piden responsabilidad a la Monarquía por unos hechos de don Juan Carlos no juzgados todavía. Sin embargo, Iglesias se niega a esclarecer lo del robo del móvil de su amiga Dina, amparado por Sánchez. Es la doble moral de las cloacas.