11 agosto 2020
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Iglesias ‘dinamita’ el Gobierno

13 jul 2020 / 03:00 H.

    Todos sabíamos que Pablo Iglesias dentro del Gobierno iba a ser un cóctel molotov. Un artefacto casero, pero muy dañino, que, no solo le iba a explotar en los morros a Pedro Sánchez, sino de todo el país. El pasado de este trilero verborreico así lo hacía prever. No caeré en su mismo talante macarra que le hace catalogar de “tipejos” y “gentuza” a los periodistas que no le bailan el agua. Estos insultos se le quedan bastante cortos y habría que emplear palabras bastante más gruesas y desagradables para definir con exactitud a este hediondo de la política.

    El llamado caso Dina ha desquiciado al ‘podemita’. El tufo que siempre ha desprendido la formación morada desde su fundación vuelve a brotar con un escándalo del que solo conocemos una pequeña parte. Todo pinta mal. La turbia relación entre Iglesias y su exasesora, el contenido de la tarjeta del famoso teléfono, el ‘robo’ del terminal por parte del vicepresidente y su posterior borrado y finalmente el regalito en forma de panfleto sectario que Pablo le puso a Dina para que estuviera calladita.

    Lejos de dar explicaciones, Iglesias se ha dedicado a mentir. Él, que se vanaglorió de representar la regeneración política, ha caído en aquello que criticó a otros. Pero ahí no ha quedado la cosa. En una actitud propia de los regímenes totalitarios que le ‘ponen cachondo’, se ha dedicado a lanzar a sus hordas de radicales cobardes contra determinados medios de comunicación. Todos aquellos que han publicado algo del caso Dina están el punto de mira. Bochornosa e indecente fue especialmente la campaña contra Vicente Vallés, uno de los profesionales de la comunicación más respetables y cabales que tenemos en la actualidad. La indecencia de Iglesias llegó hasta tal punto que aprovechó la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros para justificar que un periodista pueda ser insultado. En un país normal, esa frase tendría que haber supuesto la ruptura del Gobierno social-comunista. Sin embargo, no pasó absolutamente nada. Mucho más execrable que la afirmación del vicepresidente fue el silencio de los ministros socialistas que le acompañaban. Entre ellos Ábalos, al que le tocó la ‘lotería’ con el coronavirus para tapar el escándalo de Delcy. Valiente sinvergüenza. La única que ha levantado la voz ha sido Margarita Robles, uno de los pocos nombres decentes del Ejecutivo.

    Esa decencia también está representada por Nadia Calviño, que se ha convertido en otra víctima de Iglesias. El líder podemita está en la casilla que soñaba. Sabía que si la vicepresidenta económica alcanzaba la presidencia del Eurogrupo se iba a convertir en un tapón para frenar sus políticas comunistas y de empobrecimiento. Sin embargo, ahora ese dique de contención se desmorona. Mientras, parece que a ‘Monchito’ Pedro Sánchez y a ‘José Luis Moreno’ Iván Redondo les importa un comino que un tipejo con coleta les dinamite el Gobierno.

    Que nadie se lleve a engaño. El batacazo de Calviño es consecuencia de la falta de confianza que genera tener a Podemos en el Gobierno. Europa quiere moderación y grandes coaliciones, no nostálgicos de Hugo Chávez ‘partiendo el bacalao’.

    Y una vez más me pregunto, ¿dónde están los socialistas moderados que sienten sarpullidos al ver semejante espectáculo? ¿Dónde está Fernando Pablos, otrora ‘susanista’, crítico ferviente de Iglesias y enemigo declarado del ‘sanchismo’? Una vez más, callan. Ha sido tal la dictadura que Pedro ha implantado en la ‘explotación porcina’ de Ferraz que nadie tiene los bemoles de decir ni pío. Ni una voz más alta que otra. No estoy hablando ni tan siquiera de cargar contra su propio partido. Simplemente de un toque de atención a Iglesias, nada más. Mientras no lo hagan estarán siendo cómplices de esta deriva que solo puede acabar en la guerra más fratricida.