08 agosto 2020
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Hermosa, moderna y resuelta

31 jul 2020 / 03:00 H.

    H A sido un mes de julio extraño. Con cifras descomunales de desempleo y preocupaciones igualmente enormes. Sin fiestas: no estaba el horno ni para bollos ni paellas, tan propias del verano festero salmantino y propicias para los contagios. Los paelleros, también viven su vía crucis pandémico, como todos los feriantes en general. Con decir que este año no se ha izado La Mariseca está dicho todo; su vacío en la espadaña municipal tiene las dimensiones de un agujero negro, que casi impide ver el cielo y nunca imaginó Isabel Bernardo en aquel cuento dedicado a ella. Con la buena cosecha que hay este año... Estos días, al ocio nocturno se le llama miedo, aunque este se extiende al día y vayamos todos con mascarillas huyendo de la peste que nos ha traído este 2020 y aguantando la curva, con víctimas homenajeadas, y monolitos y placas de recuerdo.

    Julio, este julio, nos ha dejado sin Olivia, Froilán, Sofía, Trinidad, Joaquín... sin don Francisco, el hijo de Victoria Adrados, que inauguró el 26 de noviembre de 1962 un colegio medio pensionado en la calle Arapiles con su nombre. Era entonces una anciana de 72 años hundida por el reciente fallecimiento de su marido y ahogada por las emociones. Nada que ver con aquella inspectora de Educación que llegó a Salamanca en 1913, se alojó en una pensión de Libreros y se entregó en cuerpo y alma a los niños más humildes, en especial niñas. Las fotografías nos muestran una mujer hermosa, moderna, con atuendo propio de los felices 20, y resuelta; tanto que, dicen algunos, llegó a enamorar a Unamuno y enfadar a los eclesiásticos más ultras. Aquel colegio es desde este mes un centro de convivencia al que entran mañana sus primeros convivientes.

    Adiós a un mes de julio sin Noches de Fonseca, triste y sola, ni casi peregrinos a Santiago subiendo por el secarral salmantino desde Montemayor del Río a Topas, atravesando la rivera del Cañedo con el Castillo del Buen Amor como atalaya principal de la zona, donde sus viñedos, ay, ya apuntan maneras. Habría que celebrar mañana una gran fiesta para conjurar los malos augurios que se ciernen sobre agosto, también sin fiestas, paellas y toros. Pintan bastos en La Alberca para el Diagosto y la Loa, y ya veremos los bailes a San Roque, en Macotera. ¿No podría alguno de nuestros magos, Nacho Casal, Toni Rivero, Miguel de Lucas, James Garibo, Mario Gago... hacer algo? ¿Otra vez tendremos que sacar de sus hornacinas a los santos de la peste, San Roque, San Sebastián o San Boal, como siglos atrás? ¿Habrá que recurrir a Celestina y otras brujas que habitan en una charca peñarandina, Cipérez o Villarino, por ejemplo?

    Quizás algún día la Revista de Estudios Salmantinos dedique un número a esta y otras pestes, pero a esta principalmente, como ha dedicado el último a “La imagen de la provincia de Salamanca”, desde la fotografía al cine, como homenaje a Pérez-Millán. El añorado cinéfilo disfrutaría sabiendo que Amenábar cuenta con un salmantino, Álvaro Mel, para su estreno en series; que Carlos Therón se afianza en la comedia y que Alain Hernández, otro de los nuestros, sube enteros. De Silvia Alonso y Guadalupe Lancho ya he escrito hace poco. En fin, que nos consolidamos como provincia de cine, y la revista viene a remacharlo, como nuestro protagonismo con la historia del automóvil. Los felices 20, en los que el coche fue una referencia, protagonizan la nueva muestra en el Museo de Historia de la Automoción para conjurar este julio que termina. Coches con glamur.