31 mayo 2020
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¿Han ganado?

22 may 2020 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Si nos ajustamos a los números sí, han ganado, pero no se fíen, ya que donde no hay palabra, no hay nada que esperar y puede surgir cualquier cosa, lo más inesperado, porque aun cuando a estos diálogos de conveniencia los mueve intereses distintos, nadie renuncia a nada, se habla y se miente, se discute y se promete mucho, pero sólo eso, ya que de aquello que podría esperarse algo dan de sí poco menos que nada.

Lean con detenimiento y hagan memoria, porque posiblemente no les sonará a nuevo esto que voy a escribir: “Hoy, 12 de mayo, por 30 días más, voy a renovar el decreto del estado para seguir protegiendo a nuestro pueblo. Procedo a firmar decreto de alarma constitucional 30 días más...”. El que lo dijo y lo firmó, Nicolás Maduro, usurpador de la presidencia de la República de Venezuela, no es un hombre que destaque precisamente por su talante agradable, ni por su capacidad intelectual ni por sus cualidades oratorias, sino por otras que les lleva a decir lo que dice, cómo lo dice y por qué lo dice. Y ahí quedó lo dicho y firmado con toda la solemnidad y altisonancia que el personaje pudo darle, para que nadie bajo su indiscutible autoridad se diera por no enterado.

Algo así venía anunciando Sánchez por sus indisimulables ganas de controlar todo con la idea de ser líder único. Pues ayer lo intentó y al final se salió con las suyas pero sólo a medias, a base de transigir, de pasar por aros intransitables y de sufrir desprecios y humillaciones. Le ha costado, pero el estado de alarma se prolonga 15 días (la mitad de lo deseado) con todas sus consecuencias.

Me viene a la memoria una respuesta: “Lo primero prudencia...”, con la que Pablo Iglesias le contestó a Matías Prats a la primera pregunta de la entrevista que el periodista le hizo al político el domingo pasado en ‘Antena 3 Noticias’. La pregunta, pese a los días que ya han pasado, sigue (por tan lógica como obligada y oportuna que fue) flotando en el aire: “Ya estamos saliendo de la emergencia sanitaria, del duro confinamiento [...] y lo vamos a hacer con la mayor tasa de víctimas mortales por habitantes prácticamente de todos los países del mundo. ¿Qué ha hecho mal el Gobierno del que es usted vicepresidente para arrojar estos datos?”. Que la pregunta no le gustó al preguntado lo revela su respuesta, fue muy suave pero sonó a advertencia, como a modo de aviso sobre lo que no se debe preguntar... por las consecuencias que puedan acarrear a quienes se presten a semejantes atrevimientos.

Este dato, el de los fallecidos por el coronavirus, les preocupa más que por el número (al poder manipularlo según les va la marcha) por la comparación con otros países dado lo que les pueda dañar cara a una opinión pública, por lo general bastante olvidadiza, salvo que sea víctima directa de los acontecimientos y de sus efectos, porque hay actitudes que no se perdonan y, por tanto, no se olvidan, y esto empieza a notarse en las calles por mucho que los culpables del motivo (por egoísmo interesado, por inútiles, por inmorales o por lo quesea) traten de evitarlo más por las malas que por las buenas, porque convencer ya no convencen a casi nadie, si acaso a ellos mismos.

Se han marcado una meta política irrenunciable, y ya puestos en marcha no están dispuestos a que nadie ni nada se la impida, ni el COVID-19, del que pretenden valerse para escurrir responsabilidades, echar culpas fuera y continuar adelante hasta conseguirlo. Después vendrán el llanto y el crujir de dientes, cuando ya sea tarde y no quede más tiempo que el justo para cambiar de chaqueta. Cuántos franquistas se echaron a la calle como rojos de toda la vida cuando murió el dictador, yo entonces vivía emigrado (no exiliado) en Canadá bajo bandera de otro país y no lo vi sobre el terreno, pero años después, cuando volví definitivamente, vi a no pocos de éstos que seguían viviendo como antes de ser rojos de toda la vida, pero a cuerpo de rey.

Si lo analizamos vemos que han ganado pero sólo a medias. Hoy Sánchez sería el hombre más dichoso si se sintiese en La Moncloa tan seguro como se siente el otro en Miraflores.