14 octubre 2019
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Haciendo amigos

22 jun 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Algunos de ustedes habrán notado mi ausencia y preguntado a qué podría deberse, pues aquí estoy de vuelta al día a día de este mundanal ruido para contárselo. Acabo de regresar de otro mundo mucho menos ruidoso pero diligente guardián de su propio ruido, el inherente al afán de vida, al afán de los pacientes por vivir y al de los médicos, enfermeras, auxiliares, celadores... por conseguirlo a base de buen oficio, entrega generosa e inmensa humanidad. Me imagino que habrán deducido de qué mundo he vuelto. Pues allí he estado todo este tiempo de ausencia haciendo, entre otras cosas, amigos, que es lo mejor que se puede hacer ahí y en cualquier otro lugar, compartiendo con ellos lo mejor de todos y la adversidad que nos llevó por motivos muy distintos a este terreno de encuentro.

Hay momentos que trastocan la vida y en un instante te ponen en tu sitio. Momentos de estos he tenido muchos, motivados por otras tantas circunstancias, y cuando crees que vienes de vuelta de todo, ¡zas!, de un trallazo te ubican y ves que no te has movido del sitio aunque hayas dado cuarenta vueltas al mundo. Solo se vuelve de todo y del todo cuando te abandona la vida y de momento aquí sigo. Un golpe de mala suerte me ha tenido varios días retirado, no muchos pero suficientes para ver que, pese a todo, fuera la vida seguía su pulso, muy alterado, es cierto, pero seguía al margen de mi momento, y que [fuera] también hay gente con sus problemas, sus esperanzas y desesperanzas. Vamos, que los reveses tienen su recompensa, por lo que cierto es aquello que dicen de que no hay mal que por bien no venga y en mi caso ha sido éste un golpe de fortuna.

Me he perdido muchas cosas, entre ellas, las fiestas de San Juan de Sahagún, el Festival Luz y Vanguardia, también el último concierto de la temporada de la Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca, excepcional, dicho por quienes asistieron y me contaron. El concierto me lo perdí con el inconveniente de que no vale el consabido consuelo del “otra vez será” porque los conciertos no se repiten, podrán repetirse los programas con la misma orquesta, el mismo director, en la misma sala, pero no así el momento ni el ambiente condicionado por muchos factores irrepetibles, causa del toque puntual que distingue.

Sin embargo, este retiro no me impidió merodear por el mercado mayorista de falacias y vanidades, por el que se mueven calvos vendiendo crecepelos, mudos cantando aleluyas y mil y un enanos, deformes y tullidos mentales “regalando” el bálsamo de Fierabrás bajo mil y una etiquetas diferentes con el resultado que sabemos, mercadeo grotesco que ha puesto de manifiesto quién es quién en estos negocios entre políticos que con sus marrullerías no solo dan vergüenza ajena, también producen indignación y una profunda desconfianza. Pero a la vista tuve también la otra cara de la moneda, la del valor de la vida, de la familia, de los amigos, de los compañeros, de gente desconocida hasta entonces, colegas de infortunio unidos en la adversidad, en los que descubres cualidades que dan sentido a la existencia y a la resistencia, porque resistir es sobrevivir y sobrevivir en esta España nuestra es no solo pensar, también pasar por el aro, que significa sometimiento, acato, obediencia ciega... Visto todo me quedo con lo mejor y lo mejor es la nobleza de la amistad. Y para terminar, una evidencia. Tiempo de cambio y despedida en los ayuntamientos, entre ellas la de un buen alcalde que ha dejado de serlo. Se llama José Martín, a quien en su pueblo, en La Armuña y en toda la provincia conocen como “Pepe Villares” que fue alcalde de esta noble villa desde antes de las primeras elecciones municipales hasta las últimas, a las que decidió no presentarse después de casi nueve lustros en el tajo. Lo tuve de alcalde unos cuantos años, tantos como fui vecino de su pueblo, que era también el mío, y lo tuve por un buen alcalde, porque lo era. De buenos alcaldes está la historia de España llena, tanto como de malos, porque de todo ha habido y seguirá habiendo, pero lo que no se sabe es de cuáles está más llena, si de buenos o de malos. Nunca se sabrá pero, eso sí, en la memoria pesan más los primeros y ahí los tenemos ocupando su sitio no solo en la historia, también en la leyenda, en la literatura, en la memoria de quienes agradecidos no los olvidan. Pues yo no olvido. Fue mi alcalde y es mi amigo.