14 diciembre 2019
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Guerra en los bandos

04 dic 2019 / 03:00 H.

Dice el refrán que al perro flaco todo se vuelven pulgas. Eso es exactamente lo que le ocurre a Ciudadanos. En Castilla y León a nadie se le escapa ya que hay dos bandos: el oficialista encabezado por el siempre “bien mandao” Luis Fuentes y el “igeísta”, con un perfil tremendamente personalista y protagonizado por el vicepresidente y consejero de Transparencia, Francisco Igea, al que llaman el justiciero de la honestidad, la honradez, y el buen gobierno o “el Torquemada” del siglo XXI. ¿Qué hubiera sido de Castilla y León sin un personaje “quijotesco” como él?

Las rivalidades entre un bando y otro solo estaban soterradas momentáneamente por el espejismo de unos resultados electorales jamás soñados por el partido naranja, tanto en los comicios del 28 de abril como en los del 26 de mayo, donde los de Rivera consiguieron ser la llave del Gobierno de muchos ayuntamientos y comunidades, entre ellas Castilla y León. Los delirios le duraron poco más de seis meses.

Fuentes e Igea ya habían manifestado sus enormes diferencias político-intelectuales a raíz del apadrinamiento de la expresidenta de las Cortes, la expopular Silvia Clemente, por parte de la cúpula de Ciudadanos, entre ellos el actual presidente del Parlamento, que nunca se ha separado ni un milímetro de las directrices oficialistas. No en vano se sentaba como uno de los elegidos en la dirección del partido. No como Igea que era un convidado, como bien le recordó el lunes su compañero Luis Fuentes, tras las críticas a las formas de elegir a la gestora en el Consejo Político celebrado el domingo.

La debacle sin paliativos sufrida por el partido que fundó Rivera le obligó a presentar su dimisión, una dimisión que ha dejado huérfana a la organización política y ha permitido aflorar los encarnizados enfrentamientos por hacerse con el poder interno.

Igea le ha recordado a Luis Fuentes que está claro quién representa a los afiliados en Castilla y León, porque hubo unas primarias a las que el actual presidente de las Cortes no se atrevió a presentar y prefirió parapetarse tras la candidata “oficialista” Silvia Clemente.

Ayer la guerra de bandos volvió a activarse. Fuentes le hizo a su íntimo enemigo otro recordatorio envenenado y dijo que si Igea es condenado por el juicio por amenazas a un afiliado, será la comisión de Garantías del partido la que decida sobre el futuro político del vicepresidente de la Junta. Es un “recadito” para el protagonista, pero también para la escueta militancia naranja que en estos meses tendrá que posicionarse con uno o con el otro y tratar se adivinar quién estará más cerca de la futura lideresa Inés Arrimadas.

Fuentes, siempre timorato, ha perdido el miedo a plantarle cara al todopoderoso consejero de Transparencia, que es cada vez más temido por muchos de los actuales cargos de su partido por su querencia a las polémicas en las redes sociales o cada vez que tiene un micrófono delante.

Y mientras, los naranjas tratan de salvarse del naufragio electoral, la menor sueca entrenada por sus padres para el rentable activismo del cambio climático desembarcaba en Lisboa después de haber sorteado todo tipo de peligrosas adversidades meteorológicas en su travesía por el océano Atlántico. ¿Dónde están todas esas organizaciones en defensa de los derechos de los menores?

Está claro que esta niña -con 16 años no es más que una niña en transición a la difícil adolescencia- es un producto mediático, un juguete roto por los focos y la sobreexposición permitida, si no alentada por sus progenitores, que parece ser que también están preparando a la hermana pequeña como activista sobre violencia de género. Si los padres son incapaces de plantearse el perjuicio que a largo plazo puede generar en sus hijas, deberían actual las organizaciones encargadas de velar por los menores. Pero hoy deben ser más importantes las aportaciones sobre el cambio climático de una menor enfadada que salvaguardar sus derechos.