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Esto va de muchos que cogen un cencerro y van a la ciudad a hacerlo sonar. O un silbato. O una pancarta. O nada. Pero van. Va de los que tienen un cencerro y ven que es su obligación tocar con fuerza porque en días puede que no lo tengan. Y cuando alguien ve que su salvación está en un cencerro es como para darle una vuelta. Cuando ves que a un lado está, con un silbato, el ganadero con toros de lidia, que no era dado a salir a la calle, y al lado, el del pequeño corral, es para darle otra vuelta. Como al ver a unos hombres y mujeres, mas cerca de la jubilación que de verse en la necesidad de resolver su futuro, subirse a un bus hasta la capital y acabada la protesta, rápido a atender al ganado. Con su cencerro como si fuera su salvoconducto. Y se te cae el alma cuando ves esa cara de que había que estar pero no sé si servirá para algo.

Hay pocos, debería haber más. Es que no sois muchos más. Y en la tractorada se disimulaba, porque la ciudad está con vosotros y esta vez, no, porque eso de la tuberculosis no hay quien lo entienda. Y hay que explicarlo: no podéis más y si cerráis, adiós, y sois el granero de carne de España y que venga luego Calviño a decir que compra barato en la carnicería. Y no, no puede ganar Garzón.

¿Qué les pasa? Que son humanos. Que la mayoría no tiene empleado, y que quien puede se ve mal para encontrarlo y que quien lo encuentra se ve mal para pagarlo, porque las vacas no dan y de las ovejas, ni hablamos. Le pasa que es ganadero y tiene su corazón y que le duele cuando por una enfermedad como es la tuberculosis le obligan a matar a sus vacas cuando no pocos les tienen nombre. Y le joroba al de las ovejas, pobre ganadero olvidado, pagar una pasta por vacunar su rebaño de lengua azul, que viene por un maldito mosquito que pasaba por allí igual que pudo irse a otro lado.

Y les molesta estar todo el día haciendo pruebas al ganado y cuando es un milímetro lo que te condena o salva y estás de los nervios porque si sale se acabó y te indemnizan pero poco. Aunque el dinero no te quita la pena. Y tus hijos tienen que comer y tú llevas toda la vida en esto y ves que es para nada. Con lo que te gustaba... Esto va de un ganadero que le coge prestado el cencerro a su vaca para quejarse también por ella. Y de un veterinario que le critica y de otro que le acompaña.

Y va de que llegan las elecciones y se hablará de la España vaciada y al ganadero le dará la risa. Pasa que a lo mejor se quejan los de otras provincias porque vaya con los de Salamanca. Y se les puede explicar que aquí es donde hay vacas. Pasa que a lo mejor el consejero llama a los ganaderos y les pregunta que cómo están, y ellos, que gracias, pero que les ayude. Y a lo mejor pasa que toma el mando otra vez Mañueco, que tiene pinta porque no le va a quedar otra, y deja atrás eso de que Vox fue quien prometió el oro y el moro y él y Carnero los que se comieron el marrón. Pero es que la enfermedad no baja y cada vez hay más fauna y se matan vacas pero pobres jabalíes o tejones.Y venga controles. Y se pregunta “¿para qué?” y se responde “para nada”. Y a lo mejor es para algo, que se lo expliquen, y a lo mejor hay que cambiar el programa nacional, porque Planas está en su despacho pero el que se arruina es el ganadero de aquí y de allá. Y si es culpa de Europa tendrá que aclarárselo. ¿Es que no somos tan influyentes? Pero que haga algo. Sería tan fácil como al menos copiar a Francia, que obliga a cursos de bioseguridad pero prueba la vacuna en jabalíes. Y España, en cambio, no mueve un papel.

Se trata de humanidad. De que hay que estar muy desesperado para salir de casa con un cencerro. Es para que me oigan. Claro que sí.

(Por los ganaderos que un miércoles 12 de abril se hicieron oír, que no se sabe si escuchar).

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