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AL LORO

El tren blanco y el de la bruja

Lo que tiene mérito es llamar a una manifestación «en positivo» con la que tenemos encima en Salamanca

Sábado, 20 de enero 2024, 06:00

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Qué tiempos en los que la inquietante Greta Thunberg se subió al tren en Lisboa para llegar a Madrid previa parada en Salamanca. Era 2019 y el tren-hotel era el Lusitania, que eligió como la opción más sostenible. Era diario. Nos lo quitaron durante la pandemia... y no volvió.

«Otra vez en el tren/fluyen los caminos/viene la tierra y se va», que escribió Unamuno en uno de sus viajes desde Salamanca a Oporto en tren.Tampoco hay ya tren.

Salamanca-Ávila-Madrid.En 1999, viaje de dos horas y 35 minutos. Ahora, incluso de tres. Todo ocurrió cuando en Salamanca nos mostramos hartos de los «Tamagochi», por sus averías... y como premio nos llegó el 599, no basculante y por eso más lento. Su máxima velocidad son los 150 kilómetros por hora en el tramito entre Salamanca y Peñaranda. A partir de Ávila, tren blanco, con parada en todos los pueblos. Lo que teníamos nos lo cambiaron por un cercanías entre Madrid y Ávila que «generosamente» llega hasta Salamanca. No hay posibilidad de trenes basculantes así que el ir más rápido implica el cambio de vías. Y no hay dinero: pero sí para las inversiones millonarias en los rodalíes catalanes tras el pacto PSOE-ERC.

De Valencia a Madrid, 353 kilómetros, se tarda 1 hora y 40 minutos. De Salamanca a Madrid, 210 kilómetros, igual. Pedíamos un AVE, como el que tienen Valladolid, León, Zamora, Palencia... y nos dieron un tren rápido. En lugar de vía directa por Ávila, rodeo por Medina. Y es más lento. Y más desde que para. Por falta de trayecto nuevo, lo compartimos y podría haber más trenes, que ojalá, pero no en cualquier horario.

Teníamos cuatro frecuencias con Madrid. Ahora, no. Valladolid conecta con la capital con una veintena de trenes de alta velocidad y AVE al día. Y Salamanca tiene sólo tres frecuencias de Alvia... y se ve que no les da vergüenza. El Gobierno nos quitó dos en la pandemia. Después de súplicas, nos concedió la limosna de que fueran tres y seguimos pendientes de la cuarta, cuando a Rajoy los mismos que ahora gobiernan le exigían la quinta y tenían razón.

Íbamos a Barcelona desde Salamanca. En el Intercity. Directo. Ya no. También desapareció con la pandemia. Ahora, transbordo en Madrid. O excursión de 7 horas por Burgos, Vitoria, Pamplona, Zaragoza, Lérida... y por un dineral.

Salamanca-Valladolid. Siete miserables frecuencias que no te permiten trabajar o estudiar allí y vivir aquí. Igual que pasa con Madrid.

Salamanca-Zamora. No hay vía. Imposible enlazar con el AVE a Galicia. Ruta de la Plata, «en pañales», que dice el ministro. Tren nocturno, ¿para qué? que dice el Gobierno, con lo bien que están los diurnos. Como si tuviéramos diurno con Portugal. El Salamanca-Aveiro lo quieren los portugueses, pero España se ve que lo deja para otro rato. Total, es Salamanca. Por eso también irá tan lenta la electrificación hasta Fuentes de Oñoro, que tenía que haber terminado en los primeros meses de 2021.

Las empresas se ven mal para atraer trabajadores y se lo piensan los alumnos porque ven cuánto tardan y da pereza. Hay dificultades para organizar congresos o reuniones porque encima de no haber trenes, para el billete del Madrid-Salamanca se suele tener que esperar a la víspera, por si alguien falla . Y cada vez el billete normal, que es el que se quedará, es más caro, desproporcionado para el viajero frecuente.

Mañana hay manifestación -en positivo, que tiene mérito con la que tenemos- y aún hay quien se pregunta por la razón. ¿Será que Salamanca está aislada y marginada? ¿Será que sin tren no hay futuro? Por aclarar: es porque nos han dejado aislados como a la aldea de Astérix, pero con el tren blanco y el de la bruja.

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