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Opinión

El tiempo y la ministra sandía

«Cuando marzo mayea, mayo marcea» y «hasta el 40 de mayo no te quites el sayo». Y en estas estamos cuando aterriza Milei

Sábado, 18 de mayo 2024, 06:00

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Milei llega crecido después de que le convirtiera en víctima Óscar Puente, el ministro que vive en el país de las 54 provincias.

Y en estas que llega Milei, que es el anti cambio climático, el negacionista por excelencia. No se cree nada. Sin ser aún presidente de Argentina, ya soltó aquello de que todas las políticas que culpan al ser humano del cambio climático son falsas y lo único que buscan es recaudar fondos para financiar vagos socialistas. No sentó nada bien en esas filas.

Ha aterrizado Milei en Madrid en un día de mayo de mínimas de 7 grados y máximas de 16. No hay ola de calor, llueve y hace fresquito. No es un buen día para el socialismo su aterrizaje y menos con este tiempo. Aún peor si se entera Milei que esto de raro tiene poco porque en 2019, tal día como ayer, la temperatura era prácticamente calcada.

Es importante, por la moral de las tropas del socialismo y su campaña para Europa, que no caiga en manos de Milei el refranero, no vaya a enterarse de que hasta el 40 de mayo no hay que quitarse el sayo. No sea que lea que cuando «marzo mayea, mayo marcea», y se entere de que ese mes estábamos en 21 grados. Y se cumple. No vaya a ser que Milei vuelva a hablar de cambio climático y no se le pueda decir gran cosa, tal y como está el tiempo, que no está loco, que está como siempre o como a veces.

A la ministra sandía no le viene nada bien que venga Milei y menos con este tiempo que monopoliza conversaciones de ascensor. Porque hablar de Puigdemont da como pereza. Y lo de Palestina es más largo que un viaje al segundo. Y a esto, que la ministra sandía podría ser Yolanda Díaz. Y podría, por el pin de sandía que lució en la investidura de Pedro Sánchez, en apoyo a Palestina y no se sabe si a Hamás. Pero no lo es.

La ministra sandía es verde por fuera y roja por dentro. Cuando tomó posesión recordó a los pioneros del medio ambiente y de lo que alardeó fue de que nadie hubiera podido imaginar que en este país habría una vicepresidenta verde. Es decir, ella. Es decir, Teresa Ribera.

La vicepresidenta se ha esforzado en enseñarnos a lo largo de estos años que las temperaturas cada vez son más elevadas y que sufrimos más olas de calor y que cada vez llueve menos. Y eso justifica todas las políticas verdes que no solo pone en marcha por nosotros, sino que tenemos que agradecerle. Por eso nos dice que dejemos los coches, los aviones, la agricultura y ganadería y poco menos que nos pongamos una hoja para correr por la selva. Y nos dice que viene ya lo que tanto le gusta, el lobo, y que nos pongamos en marcha porque cada año se nota ese calorcito de más y esa agua de menos que tanto necesitan las sandías.

Y miramos tal día como hoy o como ayer por la ventana y vemos lo que vemos. Y consultamos la temperatura de hace un año y llegamos a los 23 grados y ahora, ni por asomo. Y nos preguntamos dónde está esa subida o esa ola de calor. Y esa falta de lluvias con embalses, pongamos que en Salamanca, al 94 %, y lluvias muy por encima de la media en muchos sitios. Y ya como que aparcas, aunque sea sin querer, el cambio climático, y el mayo loco.

Y ahí está Teresa Ribera, sin discurso, porque llueve y no hace calor. Porque no puede agarrarse al cambio climático para su política verde. Porque los agricultores y ganaderos están tan contentos. Y, sin discurso, la ministra sandía rompe el melón y advierte a la derechona que cuidadín con la tensión, aunque el tiroteado fuera de derechas y el que disparó, de izquierdas. Todo le vale. Se le cae la campaña. Y viene Milei. Sólo pide calor. El que ella, por cierto, no da a los agricultores y ganaderos. Ni se ve que le importe.

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