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AL LORO

Lo preocupante de Ayuso

En este punto, con amnistía y sin presupuestos, Sánchez diría que mejor hablar de la presidenta. Que dimita. Está triste y se sabe por qué

Sábado, 16 de marzo 2024, 05:00

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Si la selección vuelve a vestir la camiseta roja y amarilla, la de siempre, la de ¡España, España!, raro. O se nos han ido de repente los complejos, que no parece, o se nos fue España o está a punto de marchar.

En tiempos de Pablo Iglesias superstar, allá por el Mundial de Rusia, la camiseta iba con guiño a la república. Y nos acostumbraron a la roja y azul, la de no molestar a los «indepes» y al resto de socios del «presi». Y nada de animar a España, ¿pero qué era eso de España? Había que estar con «la roja» o ser facha.

Ahora, causalidad o no, cambio de camiseta cuando iniciamos una nueva etapa con la ley de la amnistía. El Gobierno nos insiste en que estamos en un nuevo tiempo de concordia, unidad, de pelillos a la mar... Y en que ahora somos más España que nunca. Y así se lo vino a decir el sobre actuado Patxi López a Feijóo.

Y justo en este momento y con el Gobierno más propagandístico de la historia, que es verdad que en eso lo borda, aparece la nueva camiseta de España, que por fin es roja y amarilla. Y con el clavel en el cuello. Y cuentan los autores de la camiseta esa horterada de que simboliza la flor que Carlos I de España y V de Alemania le regaló a Isabel de Portugal y que bla, bla, bla... Pero por mucha milonga que cuenten, el clavel es la rosa del PSOE, sin más. Y esto de la camiseta es un «viva España, viva PSOE». Es ir un paso más allá en la propaganda y sin vergüenza. Y como si existiera el PSOE. El clavel tendría que ser en nada una begonia.

Todo parecía orquestado para celebrar en el Congreso la aprobación de la ley de la amnistía, casi con camiseta de la Eurocopa incluida. Y hubo abrazos, pero sólo entre los de ERC y Junts, y eso que dicen que no se pueden ni ver. Y caras largas en el PSOE y en Sumar, con esa Yolanda arrinconada. Si Sánchez no salió más rápido del Congreso fue porque no le dejaron meter el Falcon.

Y está triste.Y es raro, porque nuestro presidente es de los resistentes, de los que no se vienen abajo por nada. Es capaz de aprobar con una mayoría justa y sin apoyo social una amnistía que convierte a prófugos en justicieros de la Justicia, que humilla al Rey, a la mayoría de partidos incluido el PSOE y que firma la desigualdad social entre españoles.Y sin sonrojarse. Tampoco lo hace por lo del escándalo de las maletas con valija diplomática ni, por supuesto, por el resto de la «trama Koldo». De momento, puede hasta con lo de Begoña. Sánchez ha encontrado la fórmula de defensa: rodearse de bravucones, responder siempre con un ataque ante cualquier acusación y sólo mirar atrás para embarrar al rival.

Pero ahora Pedro está triste. El miércoles prometió presupuestos y el jueves tuvo que renunciar a ellos. Lo de menos es que le recuerden que exigió a Rajoy que se marchara por no cumplir con su deber, el mismo que ahora incumple él. Cómo será lo que vendrá, lo que tendrán pensado exigirle ERC y Junts, para que renunciaran a esos presupuestos que iban a ser tan generosos con Cataluña. Hace tiempo que Sánchez es un muñeco en sus manos, pero el ridículo nunca había sido tan evidente.

En este punto, diría Sánchez, mejor hablar de Ayuso. Que dimita. ¿Por qué? Por lo de su novio. Y si no, por el Maserati, que esta sociedad perdona a los «koldos» pero no soporta a los ricos. Y si no habrá que investigar a la mujer de su primo segundo. Y si encuentra algo, que María Jesús Montero lo diga 4 horas antes de que se publique y diga que lo ha leído en los medios. Y que la televisión pública abra el telediario con la cara de Ayuso mientras hablan de su primo segundo, como le ha pasado con el novio. Lo preocupante de Ayuso sería que escuchara o viera a Pedro Sánchez y no recordara lo que le gusta la fruta.

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