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Opinión

La conexión de Meloni y Alvise

Detrás de todo está Zapatero. Acaba la entrevista, el micrófono abierto, y aquello de «nos conviene que haya tensión»

Sábado, 15 de junio 2024, 06:00

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Se llama Meloni, es italiana, y hace unas semanas saludaba a un político de su país con algo así como «aquí la cerda de Meloni, ¿cómo está?». Y eso venía a cuento de qué él la había insultado días antes llamándola puerca o algo parecido. Ayer exteriorizó su antipatía por Macron, y ella se hizo grande y él, pequeñito, y ella le ganó con lo del aborto. Y mostró su simpatía por Milei, pero también por el británico Sunak y bromeó con el Papa y rompió los esquemas del demonio ultraderechista cuando su mensaje fue el de diálogo de todos dentro del G-7.

Ahora quedamos a la espera de saber si cuando vea a Sánchez le abraza, le contesta con un «aquí la fascista de Meloni» o le desprecia. De momento, le ha ignorado. Y eso que Sánchez hizo mil y un esfuerzos para buscarla y encontrarla. Pero no. Dicen que ella veía claro que era una estrategia para hacerle la campaña.

Sánchez, incansable, lo dio todo. Recitó como la lista de los reyes godos el «Aznar, Feijóo, Ayuso, Netanyahu, Milei y Meloni», con el remate de «la internacional ultraderechista». Y repitió que era «muy grave» que Feijóo se entendiera con Meloni, aunque realmente Meloni se entendiera con Vox. Dicen que ella sabía de lo que iba.

En 2008, campaña electoral, Iñaki Gabilondo entrevista a Zapatero. Acaba y, mala suerte, el micrófono queda abierto y se escucha a Zapatero decir aquello de «nos conviene que haya tensión (...) Yo voy este fin de semana a dramatizar un poco». Y Zapatero acusó un día sí y otro también al PP de generar crispación y de tensar la vida política. Y a Rajoy le recriminó el haber realizado la oposición «más destructiva, intolerante y con más insultos de la historia de la democracia». A Rajoy, tan criticado precisamente por su calma. El PSOE ganó las elecciones y Zapatero inició su segundo mandato.

Será que Meloni sabe bien que Zapatero es el guía político de Sánchez. Y que cuando está la cosa mal como, por ejemplo, con lo de Begoña, hay que vender pulseritas «free Bego», pero también sacar a un Alvise de la chistera. Y es que Alvise tenía su parroquia, pero empezó a ser interesante para los medios cuando el CIS le hizo famoso. Y, más aún, cuando Sánchez le promocionó en sus mítines. Y Alvise, que no es Meloni, entró al trapo porque a él también le venía bien. Y se creó esa tensión que divide a la derecha y favorece la unidad de los «zurdos» para vencer a un enemigo común. Ahora Sánchez ha adoptado a Alvise. Habla de Alvise en el Congreso y habla de Alvise en la tele y siempre que habla de Alvise es para arrinconar a Feijóo, a Abascal y a su obsesión, que es Ayuso.

Y lo que parece increíble es que el PP no le haya cogido el punto a la estrategia y vuelva a caer en la trampa de no mirar a Meloni, por si Sánchez dice lo de ultraderechistas, o a Abascal, cuando el pacto PP-Vox funciona, por ejemplo, en Castilla y León. En Madrid se rompió cuando Vox decidió votar contra los presupuestos de Ayuso junto a Mas Madrid, PSOE y Podemos, y en las elecciones de 2023, arrasó Ayuso porque el PP necesita a Vox para ganar a Sánchez, pero Vox también necesita al PP. Y Sánchez necesita su desunión.

No se sabe qué le dirá Meloni a Sánchez cuando se vean. Ahora está Milei, que es amigo de Meloni. Y Meloni, que es amiga de Ursula y orienta a Biden y bromea con el Papa. A Meloni, ahora la fuerte, no le gusta la amnistía y lo dice.

No se sabe si Feijóo sigue dispuesto a pactar con Meloni. Sí que Sánchez pactó con ella y que no le importa volver a adelantar a Feijóo por la derecha, si la necesita para seguir en el poder. Ahora la llama Mussolini y hace nada, «querida Georgia». Son tablas de rey de la estrategia y de los cambios de opinión.

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