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Opinión

Entre Begoña y la Pataky

Al margen de la política, su conducta resulta que es un engaño para tantas mujeres que creyeron en ella y la tenían como ejemplo

Sábado, 8 de junio 2024, 06:00

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Thor nos contó que siempre estará en deuda con Elsa Pataky por dedicarse por completo a sus hijos y permitirle ser Thor. Y en buena hora se le ocurrió. La Pataky recibió el ataque en masa del feminismo progre y daba apuro ver cómo se justificaba. «Quise ser madre y fue una decisión mía», decía la pobre, y hablaba de que lo volvería a hacer porque es feliz. Pero la Pataky ya había sido expulsada a patadas del cielo feminista por las mismas que la ascendieron cuando era «sólo» actriz de éxito.

Ahora la Pataky no es una feminista de referencia, una mujer empoderada, un modelo a seguir. Es una madre que renunció a su enorme carrera.Te aguantamos, Elsa, pero no eres de las nuestras. La Pataky ya sabe que en el feminismo progre la mujer carece de libertad para decidir sobre su propia vida. Si no trabaja fuera de casa, ya no es admirada ni empoderada. Se siente.

A las mujeres nos habían dicho que el feminismo era Begoña. Al margen de la decisión judicial por hechos éticamente reprobables por los que declarará y que no ha negado, lo de Begoña es una decepción feminista. Al margen de la política, su conducta resulta que es un engaño para tantas mujeres que creyeron en ella y la tenían como ejemplo.

Begoña confesaba en un vídeo del PSOE que era feminista porque era sinónimo de igualdad y de superación. «Nos permite avanzar socialmente sin pisar a nadie». Y aparece lo de la cátedra y las recomendaciones y su no licenciatura y lo demás.

De Begoña teníamos el recuerdo de su participación hiperactiva en la manifestación del 8-M. No eran los saltitos, que la hacían lideresa, eran sus gritos tipo «somos socialistas, somos feministas». Begoña era la primera dama que dirige un máster y acompaña a veces a Sánchez.

De Begoña teníamos el recuerdo de conferencias, como la de comida sana. Ahora se sienta junto a su marido. Ahora le acompaña al mitin y le gritan, se desconoce la razón, «gracias, Begoña» y la aplauden y ella sonríe y también aplaude. Nada más.

No se sabe qué fue de esa mujer tan admirada por el feminismo progre. Ahora permite que hable en su nombre el marido. «Quiero a mi mujer y voy a defender su honorabilidad», y coge la lanza de caballero machito. Y ella sonríe entusiasmada en lugar de abochornada. Y resulta que la feminista y la empoderada es ella y la mujer para esconder, la Pataky.

Pablo Iglesias siempre será recordado por sus palabras sobre Ana Botella: «La única fuerza de Ana Botella es su marido». Y ella era licenciada en Derecho y había aprobado sus oposiciones. Luego llegó Irene Montero, licenciada en Psicología, que pasó de ser cajera a ministra pero resulta que en ese caso su fuerza no era su marido. Y Montero es feminismo progre. Como Begoña, de carrera vertiginosa pero desde que su marido llegó a Moncloa.

En el momento supuestamente más feminista de España tenemos mujeres candidatas en los principales partidos pero mañana se vota el apoyo a dos hombres, a Sánchez o a Feijóo, o el salvemos o no a Begoña, que ahora se manifiesta como un simple florero. El discurso de la importancia de Europa está visto que se lo creen más los agricultores y ganaderos que los políticos.

El PSOE insiste en el mensaje feminista progre para salvarse. Ahí está Sánchez, con Begoña muda y tirando de Aitana. Pero algo pasa cuando Teresa Ribera, que es una mujer muy discutible pero preparada, tiene como principal argumentario el «no pasarán», o la ministra de Igualdad, más de lo mismo, va a ser recordada por su «vergüenza, vergüenza» del Congreso. Algo pasa con el feminismo progre. Está a la baja, como Begoña. Pero cualquiera dice nada porque mira lo de la Pataky.

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