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Opinión

Obélix en Salamanca

Cada vez más, se producen avistamientos de ejemplares -incluso piaras, por su carácter gregario- en espacios urbanos

Martes, 21 de mayo 2024, 05:30

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Cuando éramos niños, era fácil asociar los jabalíes a la comida predilecta del gigantón galo Obélix en la célebre tira cómica de René Goscinny y Albert Uderzo, revestida de cierta verosimilitud por la tradición de consumo de carne de caza en nuestra región. Al crecer, leer y viajar nos enseñaron otras vertientes del animal, como su condición de emblema en la Toscana o el episodio, mitad épico mitad legendario, del rey francés Francisco I, némesis de nuestro Carlos V, dejando boquiabiertos a sus cortesanos al lanzarse con arrojo a matar a un cerdo salvaje que había irrumpido en su comedor real en pleno banquete, en uno de sus châteaux rodeados de tupida zona boscosa.

Pero libros y bosques han dejado de ser los únicos escenarios de los jabalíes estos últimos tiempos. Cada vez más, se producen avistamientos de ejemplares -incluso piaras, por su carácter gregario- en espacios urbanos, atraídos por zonas ajardinadas bien regadas o acumulaciones de desechos dentro o fuera de contenedores. Proliferan instantáneas captadas en parques, playas y calles de todo el mundo, que van trocando la sorpresa inicial en preocupación. Salamanca no es ajena a esta tendencia. Hace unos días cerca del Puente Romano, en la ribera del Tormes, aparecían cuatro de estos animales silvestres, quizá emulando a su antecesor pétreo, que no se menciona en Astérix sino en El Lazarillo de Tormes, «el toro de la puente», aunque con mejor fortuna que éste, que por mor de celo revisionista histórico (ese que tanto padecemos hoy) acabó arrojado al fondo del río tres décadas y condenado a vagar un siglo por un periplo de emplazamientos.

No era la primera vez. Meses antes los viandantes observaron jabalíes más arriba del parque de La Aldehuela, y en 2022 un grupo llegó a asentarse en Huerta Otea, provocando el cierre preventivo del recinto.

La mano del hombre también está detrás del aumento exponencial de esta especie. El cambio climático con temperaturas más cálidas favorece su reproducción. Incendios forestales, colonización humana de entornos antaño arbolados y construcción de carreteras atravesando su hábitat natural llevan a desplazarlos y a que presenten comportamientos erráticos y desnaturalizados, que causan problemas de salud pública y seguridad vial cuando cruzan calzadas. Para evitar accidentes, en muchos países están surgiendo «ecopuentes», una suerte de pasarelas levantadas para ofrecer a la fauna alternativas para franquear viales sin invadir áreas transitadas por vehículos. El jabalí ha venido para quedarse en la agenda de las administraciones.

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