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Opinión

Justicia literaria

Frente a enzarzarse en interminables disquisiciones del tenor de si son galgos o podencos, siempre queda aprovechar el tiempo con la lectura

Martes, 25 de junio 2024, 05:30

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Cuando se hunde un transatlántico siempre queda la opción de contemplar la hecatombe con la actitud estoica de la orquesta que, entre vías de agua, continúa tocando. Llevamos años desayunándonos en la prensa con los tiras y aflojas del asunto enquistado de la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Condiciones, plazos, ultimátums, mediaciones y negociaciones, hasta hoy tan estériles como un yermo páramo en que uno tercamente se empeña en sembrar en roquedal, y el único avance produciéndose en círculos, al modo del jumento que gira alrededor del pozo, atado a la estaca.

Este batiburrillo inefectivo ha posicionado en los medios de comunicación a los recientes presidentes del CGPJ, más conocidos para el ciudadano de a pie que sus predecesores en el cargo, antes del bloqueo. El actual, por suplencia, que estos días cumple un año en su responsabilidad, es Vicente Guilarte Gutiérrez, que desciende de una prestigiosa estirpe de juristas con raíces vallisoletanas.

Quien esté familiarizado con la producción literaria de la salmantina Carmen Martín Gaite (1925-2000) tendrá el rasgo romántico de asociar indefectiblemente el nombre del presidente del órgano de gobierno del Poder Judicial al de la protagonista femenina de la novela con la que la escritora obtuvo el Premio Nadal de 1957, Entre visillos, Natalia (Tali) Ruiz Guilarte.

La obra está ambientada en la Salamanca de posguerra, y los aspectos autobiográficos autoriales son fácilmente constatables. Martín Gaite se licenció en Filosofía y Letras en el Estudio entre 1943 y 1948, época en que apenas había un puñado de condiscípulos, entre los que se encontraban figuras señeras como Ignacio Aldecoa y Agustín García Calvo. Dos de sus compañeras de aula más queridas fueron Natalia Guilarte Zapatero y María Dolores (Mariores) Ruiz Olivera. De la combinación de los nombres de ambas surge el del personaje. En los años 90 tuve ocasión de conocer a las dos, así como a la propia Martín Gaite. Recuerdo que Natalia Guilarte me habló con orgullo de su padre, Vicente Guilarte González, catedrático de Derecho Civil.

El presidente del CGPJ es sobrino por la rama paterna de Natalia Guilarte, la mujer de carne y hueso que inspiró la de ficción. La primera, por ley de vida, ya no se encuentra entre nosotros; la segunda, tendremos ocasión de revivirla con motivo del centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite, que se celebra al año próximo.

Frente a enzarzarse en interminables disquisiciones del tenor de si son galgos o podencos, siempre queda aprovechar el tiempo con la lectura.

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