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EL BESTIARIO

Venga, que nos toca

Hoy muchos guardan la sombrilla y comienzan a echar cuentas para la vuelta al cole

Miércoles, 16 de agosto 2023, 05:30

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Creo que el medallón de Alfonso IX estaría mejor ocupando el espacio que fue de Franco en lugar del que le han escogido, en un pabellón que ha terminado por ser un cajón de sastre con el fantasma de Godoy, un rey que nunca lo fue, un británico que arrasó Salamanca, un guerrillero de la época… La vida le da a este pabellón la corte de ilustres figuras de nuestra cultura. El medallón es una obra de arte y la figura que representa al rey está muy en la línea de los reyes de «Juego de Tronos» o el «Señor de los Anillos», incluso los clásicos del «Estudio 1». La barba estuvo muy presente en los reyes de esa época hasta la aparición de Fernando el Católico, al que se le representa sin ella, aunque en la serie «Isabel», de RTVE, el actor que lo encarnaba, Rodolfo Sancho, lucía una estupenda barba de su tiempo.

Hoy el actor lo está pasando mal por su hijo, para el que piden pena de muerte. También lucía barba Alfonso XI el Justiciero, el único rey salmantino, del que hace poco no se recordó su nacimiento. Murió Alfonso de peste negra, que era negociado de San Roque a quien ahora mismo cientos de macoteranos bailan en una liturgia que quizá sea agradecimiento y ruego a la vez. Agradecimiento por salvar al pueblo de pestes y ruego para que no vuelva ninguna, aunque sabemos que las pestes, de una forma u otra siempre regresan. En la capital éramos más de San Boal, a quien el Concejo daba sus dineros y homenajeaba en procesión, por si acaso.

Bailar a San Roque es un agotador ritual para el que sólo los de Macotera están preparados, como lo están para recordar siempre sus motes y saberlos transmitir. Conozco a macoteranos que recitan su árbol genealógico desde los alias: por mis abuelos soy tal y tal y tal y tal, y luego por mis padres… Es una carga cultural fascinante. Cuando dos se encuentran son capaces de hallar familiares comunes recitando esos motes y sin mencionar ni un nombre propio. Empiezo a creer que aquella guía telefónica del pueblo hecha con motes era verdad y no un cuento para tomarme el pelo. Mientras mi amiga hostelera Belén baila a San Roque acompañada de sus motes, que soy incapaz de retener, a cientos de kilómetros, en Llanes, mis amigos José Luis y Chus, salmantinos, bailan al son de «España Cañí» al santo de la peste y a su «perru». Creía que éramos los únicos que teníamos una plaza dedicada a los bandos, pero allí también la tienen porque el pueblo se divide entre los de la Magdalena, la Guía y San Roque. No hay nada sangriento, como en los bandos salmantinos, pero sí mucho amor propio, que es la clave para pertenecer a uno u otro bando.

San Roque es una bisagra importante de agosto y el verano. Hoy los días se doblan y veremos que cada vez son más cortos, y que muchos han guardado la sombrilla y han comenzado a echar cuentas para eso que se llama vuelta al cole. Tiempo atrás comenzaba el tiempo de tormentas y se echaban a perder muchas tardes de río o piscina. Y, sobre todo, los pueblos comenzaban a recobrar la paz con la marcha de los veraneantes. Llámelo paz o tristeza, como quiera.

Hoy, San Roque nos deja en la víspera del regreso de nuestros políticos, que han venido a animar esta semana de puente, Asunción, triunfo de la Selección de Fútbol Femenina (bravas), San Roque, Operación Retorno y final de la Copa del Mundo de Fútbol Femenino (¡a por ellas!). Después de leer, escuchar y ver cómo se lo han pasado nuestros paisanos de la provincia estas semanas, nos toca a los salmantinos tener fiestas, eso sí, sin orquestas ni verbenas, algo que, creo, deberíamos repasar, aunque todo esto de las fiestas siempre está en revisión.

Además de saludar a Alfonso IX hice lo propio con La Mariseca, que anuncia los toros salmantinos y de paso las ferias –caballitos y chocones—hípica, la «agropecuaria», las «casetas», los conciertos y todo aquello que nos recuerde que hay vida más allá de la tumbona, el rumor del mar, el cansino sonsonete de la chicharra, los golpes de las fichas de dominó en la mesa, las tertulias de patio y terraza, la procesión del santo y la verbena. Vamos a por ella.

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