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EL BESTIARIO

Puro teatro

Hay un nuevo circo que mezcla lo escénico con el más difícil todavía y el público sentado en butacas y no en tablones

Miércoles, 23 de agosto 2023, 05:30

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Teatro, lo tuyo es puro teatro, canta «La Lupe». Lo de Ciudad Rodrigo también es puro teatro cuando llega la Feria de Teatro de Castilla y León y el vecindario se aplica a la butaca con devoción y afición, dentro o fuera, tanto da. También ellos, los vecinos, son teatro porque los programadores, que acuden de ojeadores, se fijan en si les gusta o no la obra representada y toman nota.

He aquí la esencia de esta feria mirobrigense inaugurada ayer con el personal mosqueado por la incertidumbre del Palacio de los Águila, de donde fue arrebatado el famoso crucificado de Juan de Juni, hoy desterrado en Valladolid, y ahora se tramita un desalojo o algo así, con mudanza de la espléndida y entretenida muestra napoleónica que se exhibía. Durante años el Palacio ha sido cuartel general de la Feria, donde las compañías hacían el papeleo, los técnicos ultimaban preparativos y los informadores íbamos a enterarnos.

Allí se hablaba de teatro y los del teatro lo hacían de su mala salud a la hora del vermú. El teatro siempre ha gozado de una espléndida mala salud. Este año, además, los chavales del «Divierteatro» vuelven a ocupar las calles, a hacerlas suyas, así que si usted decide dar un paseo y se ve sobrepasado por una horda infantil con espadas y capas, sepa que eso es también teatro, puro teatro, como el «Volatiritormes» de Santa Marta es puro circo con sus saltimbanquis, volatineros y genios sin botella. La cita, que comienza en unos días, insiste en poner al municipio tormesino en el mapa de la cultura junto a sus exposiciones y museos, entre otras propuestas.

Antes, por estas fechas, ya estaban desplegados por la ciudad los carteles que anunciaban a tal o cual circo con payasos, fieras y trapecistas, sagrada trilogía circense. Las fieras ya no encajan en el circo de hoy. Se acabó ver a un domador meter la cabeza en la boca de un león u obligar a éste a pasar por un arco ardiendo. Hay un nuevo circo que mezcla lo escénico con el más difícil todavía y el público sentado en cómodas butacas y no como en mi infancia cuando nos sentábamos en tablones.

Esta noche, en San Morales, todos estamos obligados a encajarnos una nariz de payaso en una gala con fin solidario: recaudar para la investigación del cáncer infantil. La cita reúne moda, música, baile, magia y mucho cariño de los vecinos. Tengo raíces en este pueblo y recuerdos permanentes vinculados al tren –seguramente de vapor—que nos llevaba a la estación del pueblo y de ahí entre huertas y choperas al río a echar el domingo con la familia. Al fresco y refresco.

Al Tormes salmantino –al que pasa por la capital– le falta un lugar para el baño entre tanto huerto, pistas deportivas, patrimonio, arte y economía. Esto ya se reclamaba en este periódico en los primeros años sesenta y con insistencia. La arena ya la tenemos, ahora falta ese espacio para el chapuzón cuando el verano salmantino aprieta, aunque la temporada de baño entonces comenzaba el 1 de mayo. Si el tiempo acompañaba. En esos años se desplegaba la chopera que después se laminó para la Ciudad Deportiva, como un ejército que escoltaba al venerable Tormes.

Este año la feria salmantina viene apretada, muy apretada. No sé, como apretaba Rubiales a Hermoso, por ejemplo, para el impresentable beso, o como se apretaba el paquete el dirigente futbolero en el palco a la vista de todo el mundo celebrando el gol de España, y no era teatro. Y «todo el mundo», en este caso, es literal, gracias a la televisión y las redes sociales. Una vergüenza muy «tocha» que no ha mermado el mérito y talento de las jugadoras, pero sí nuestro prestigio como país, el país de Nadal, Alcaraz, los Gasol, Alonso, Carolina Marín, Marta Pérez, Olga Carmona, Alexia Putellas o Aitana Bonmatí, por ejemplo. Recién nacido septiembre se abren la «agropecuaria» y las «casetas», pocas horas más tarde la «Start up olé» y luego ya sí, las fiestas salmantinas. Va a ser un arranque ferial tremendo en el que no va a faltar el teatro, el puro teatro, con un «Miles gloriosus» cuya historia «salmantina» ya se contó aquí.

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