Así porque quieren
A veces uno se pregunta quién realmente está enfermo, y quizá tengamos que pensar en una enfermedad social que no podemos dejar que avance
Llevo años, y no pocos, escuchando la consabida frase de «están así porque quieren», y ya se me están inflando las meninges. Qué fácil es ... etiquetar y colgar el sanbenito, qué fácil es echar balones fuera y desentendernos del prójimo cuando la situación del mismo es dolorosa, penosa, lamentable y no sé cuántas cosas más. Llevo tiempo encontrando y viviendo realidades verdaderamente complejas con personas que demandan ayuda ante situaciones que de entrada desbordan. Ahora bien, si fuéramos capaces de escucharnos unos a otros y moviéramos cada uno un dedo en favor del otro, un solo dedo, estoy convencido de que no sería tan complicado.
Puedo poner nombre, apellidos y cara a muchas personas, también a sus familias, cuando las hay, que lloran sin derramar una lágrima porque ya no les quedan. He visto morir a alguna madre sin cejas ni pestañas de tanto llorar, no exagero, la enterré yo y hablo con conocimiento de causa, con rabia y con dolor, pero también quiero hacerlo con esperanza.
No puedo, no podemos guardar silencio ante tanto sufrimiento y tan cercano. Son muchas las grandes guerras en el mundo y no son muchas menos, sino más bien todo lo contrario, las que cada día se libran en nuestro entorno más próximo incluida la propia familia, la comunidad de vecinos, el barrio o el pueblo.
He escuchado el compromiso y las promesas de políticos y de instituciones, también las propuestas y soluciones de técnicos de todos los ámbitos para resolver muchos problemas, desgraciadamente, muchas veces, se han quedado en eso. Muchas personas sufren su enfermedad y realmente están enfermos, pero no son pocas las personas cuya enfermedad deriva, e incluso a veces nace, de la problemática social en la que se ven envueltas.
Personas sumidas en la más absoluta soledad y perdidas en el olvido de quienes, supuestamente, formamos parte de su entorno más cercano. Realidades humanas y sociales que desembocan en enfermedades mentales, fruto de un deterioro paulatino que va minando sus capacidades para afrontar la vida con dignidad y esperanza. Acentuadas si cabe por el consumo de alcohol y otras drogas, como manera desesperada de evadirse de la angustia, la soledad, la tristeza, ... en la que se ven envueltas. No están así porque quieren.
Quizá no saben o no pueden estar de otra manera. Quizá no sabemos, no podemos o nos da igual que estén en la manera que estén. Quizá preferimos mirar hacia otro lado, dejando que pase el tiempo y que corra el aire, esperando que venga alguien que pueda hacer algo y haga algo, pero me temo que esto no es suficiente. Me taladra lo más profundo el rostro amargo, desencajado, el rostro dolorido, cansado, con la mirada tan perdida como su propia vida, de estas personas que no están así porque quieren, pues ni siquiera saben cómo están, y dudo que algunas veces sepan dónde están, porque su mundo no coincide con el real. A veces uno se pregunta quién realmente está enfermo, y quizá tengamos que pensar en una enfermedad social que no podemos dejar que avance. Si alguien no me entiende se lo aclaro in situ. Me despido con mi recordatorio en la búsqueda de una despedida digna y sin prisas de nuestros seres queridos en el Tanatorio San Carlos. Aunque quizá también estas prisas sean síntoma de algo.
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