Rapero en Nueva York
La victoria del joven de 34 años Zohran Mamdani en las elecciones para la alcaldía de Nueva York, lejos de ser el soplo de aire ... fresco que se le debería suponer a la juventud, es el enésimo tiro en el pie (o directamente ya en la cabeza) de Occidente a sus valores, que básicamente son la libertad, la democracia y el bienestar. Una ola de estupidez e ignorancia nos ahoga, como bien sabemos -y sufrimos- en España, pero también en Londres, París, o en los populismos de izquierda hispanoamericanos militares o civiles como los que han `prendido en Venezuela y México para exterminar toda posibilidad de libertad y progreso. Seréis pobres y seréis felices se llama el éxito musical, un reguetón de ultraizquierda compuesto por «pijos-progres», por socialistas de salón siempre pendientes del beneficio propio y de la sumisión ajena.
Pero lo de Nueva York va más allá de un salto al vacío o de un juego de niños bien con inquietudes de la Universidad de Columbia, pues no es posible que la capital del mundo y del capitalismo se vea ahora asediada de nuevo por sus peores enemigos, y digo de nuevo porque después del 11S cualquier golpe a la ciudad y a nuestros valores parecía ya imposible. Craso error y de los gordos, pues ha llegado Mamdani, un rapero musulmán que abandera, entre otras lindezas, una intifada global contra Israel. Se llama declaración de intenciones, aunque hay que decir que ha sido nuestro propio capitalismo el que ha dado alas -y herramientas- a una juventud absorbida por las redes sociales y el discurso «take away», listo para consumir. Listo para votar.
Cuando ganó Obama las elecciones presidenciales, me congratulé de que una minoría alcanzase semejante puesto en un país como Estados Unidos, donde todo parece siempre atado y decidido. América despertaba -y con ella Occidente- y se liberaba de sus miedos y de su poder WASP. Pero lo de Mamdani no es evolución, es pura diversión de niñatos con derecho a voto que ven en el socialismo algo entrañable, una vuelta a aquella mentira que fue el culto al Ché Guevara. Y no estamos para juegos, y menos con pólvora. Poner a un musulmán al frente de la alcaldía de Nueva York, ya dice mucho del grado de responsabilidad y memoria del elector, pero no vamos a ser nosotros, los españoles, quienes lo critiquemos, cuando hemos metido a la ETA hasta en el Gobierno.
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