Pobres con empleo
«No es que sea más complicado cobrar lo que se considera 'clase media'. Lo complicado es que eso ahora dé para vivir»
El consejero de Presidencia de Castilla y León, Carlos Fernández Carriedo, afirmó esta semana en Salamanca que cada vez hay más trabajadores que lo pasan ... mal, no solo para llegar a final de mes, sino para vivir. «Antes tener un empleo era sinónimo de poder desarrollar un proyecto vital; ahora no lo garantiza. Tenemos trabajadores pobres», apuntaba.
Lo que Carriedo vino a decir es, exactamente, lo que Cáritas ha denunciado con su último informe FOESSA: que la clase media en la que la mayoría de españoles se autoincluyen está en peligro de extinción. Que aunque te creas clase media, en el fondo eres pobre. Una tristeza por partida doble: por no tener un euro y por considerarte más de lo que eres.
Tras dos décadas de crisis encadenadas, la exclusión severa está un 52% por encima de los niveles de 2007 y afecta a 4,3 millones de personas, según Cáritas. El empleo ya no garantiza estabilidad y la vivienda se ha convertido en un factor de expulsión social: el 45% de quienes viven de alquiler están en riesgo de pobreza -la cifra más alta de Europa- porque destinan buena parte de su salario a pagar un techo y lo hacen a fondo perdido. Miles de euros al cabo de un año que generan ningún tipo de propiedad.
La horquilla de lo que -por teoría pura- se considera clase media es muy amplia. Los expertos dicen que para ser clase media hay que tener un salario entre 1.343 y 3.581 euros al mes. No es que ahora sea más complicado estar dentro de esos márgenes. Lo difícil es que con 1.300 euros al mes de salario puedas pagar una casa y vivir.
Para colmo, los impuestos tampoco le echan un cable a los ciudadanos. Si acaso, al cuello. En los primeros nueve meses de 2025, Hacienda ha recaudado en Salamanca nueve millones de euros más que en todo un año de los de antes de la pandemia, que es como nuestro indicador de cuando el mundo era más normal, menos hostil. Si la comparación es con 2024, los salmantinos están pagando en impuestos 70 céntimos más cada día. Puede parecer poco, pero no lo es.
Dice la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que las subidas de impuestos son en nombre de la justicia social: que solo le ha subido los tributos a los ricos y que al resto se los ha bajado. Evidentemente es mentira porque se ha batido récord de recaudación fiscal y lo estamos pagando todos. Sobre todo los que no son ricos -que somos mayoría-, aunque se lo crean. Aunque sigan teniendo la ilusión de considerarse clase media.
Según el CIS, casi la mitad de los españoles se define así, aunque los cálculos de la OCDE sitúan a muchos en la clase media-baja o trabajadora. Este desfase entre percepción y realidad refleja un autoengaño colectivo: nos seguimos viendo como clase media. Posiblemente, porque reconocer lo contrario es doloroso.
Los pilares que sostenían el concepto de clase media -empleo fijo, vivienda accesible, acceso a unos servicios públicos sólidos- se están desmoronando. El informe FOESSA opina que no fallan las personas, falla el sistema: la precariedad laboral afecta al 47,5% de los trabajadores y uno de cada cuatro hogares ha sido expulsado de una vida digna por el coste del techo.
La clase media, antes motor de cohesión y progreso, se ha convertido en un espacio vulnerable y menguante. Sin ese suelo común, el ascensor social dejará de funcionar. Y cuando eso ocurra, ya no habrá «clase media» a la que aspirar, sino una mayoría que mira hacia abajo con miedo y hacia arriba con rabia. ¡Menudo caldo!
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