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Lágrimas negras

Por supuesto que existe racismo en el fútbol español, pero siempre se normalizó con aquello de 'les va en el sueldo'

Viernes, 29 de marzo 2024, 06:00

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No lo tengo claro. Tengo la duda de si la campaña de Vinicius contra el racismo en el fútbol puede llegar a conseguir realmente algo. Que a base de denunciar los hechos haya sanciones y que, aunque solo sea por miedo al castigo, el aficionado español se reprima a la hora de entonar ciertos cánticos o de hacer como que se rasca las axilas.

Tengo la duda de si, por el contrario, le acabará explotando el asunto en las manos y tendrá que abandonar -como mínimo- la liga española, si no el fútbol en general.

¿Hay racismo en el fútbol español? ¡Qué pregunta! ¡Por supuesto que sí! Pero se ha normalizado e incluido dentro de todo el paquete de barbaridades que -se dice- «van en el sueldo» de aquellos que deciden formar parte del fútbol, aunque sea el amateur. Presidentes, entrenadores, jugadores, árbitros…

Nos escudamos en que cuando se le dice negro a Vinicius -o al que sea- no es porque tengan algo en contra de su raza, sino porque saben que ese insulto le desestabiliza. Ojo, que ya hablamos de insulto. Si yo fuera futbolista y me quisieran ofender, dudo mucho que nadie me gritara obviedades como 'blanco' o 'salmantino'. ¿Dónde está el insulto? En cambio, cuando se trata de un negro , en el fondo sí que lo consideramos ofensivo.

Me reitero en mis dudas de si la actitud de Vinicius no hace otra cosa que alimentar a la bestia.

Hace más de diez años, cubriendo un partido entre el Real Oviedo y la UDS, la afición del Tartiere la tomó con el portugués Rogerio, que era tan negro como cachondo. En la zona de prensa le preguntamos por los gritos de 'uh, uh, uh' y optó por dejarlo correr: «Claro que los he oído, pero me daba la risa», respondió.

En Salamanca nos rasgamos un poco las vestiduras con lo racistas que eran los colegas asturianos, pero a los pocos meses los 'colores' nos los sacaron a nosotros: el Tenerife visitó el Helmántico y desde el fondo sur se entonó ese supuesto grito primate cada vez que tocaba el balón Kome.

La UDS se lo intentó tomar en serio. Al menos más en serio que otros clubes porque en lugar de negar la mayor o hacerse los ofendidos porque «se generaliza», Juan José Pascual invitó a los «energúmenos» a «quedarse en su casa y no volver a pisar un campo de fútbol».

El club repartió dípticos por la grada al siguiente partido con el fin de concienciar sobre esta actitud. También se portaron pancartas y camisetas contra el racismo. La gente pareció ponerse seria durante unos meses, pero ahí estaba el problema y ahí continúa 15 años después. De hecho, uno de los últimos en denunciar el racismo en el fútbol salmantino fue el propio Manuel Lovato. El presidente del Salamanca UDS se sumó a las críticas del avispado David Izazola para denunciar que percibían «racismo contra los mexicanos». En esta ocasión nadie les llamó negros -no lo son-, ni hubo comparaciones con monos. Es porque les llamaban 'paquetes'. Sí es cierto que al que fuera entrenador del Unionistas -Astu- se le escapó un «¡Vaya hostias que pegan estos panchitos!» en relación a los jugadores del Helmántico, pero luego lo resolvió con un 'yo no soy racista/machista/homófobo porque…' de manual: «Mi madre y mi abuela también son panchitas», zanjó.

Si tengo que mojarme sobre cómo va a terminar el caso Vinicius apostaría a que aquellos que le odian -si fuera un paquete no pasaría nada- se las ingeniarán para seguir sacándole de quicio sin necesidad de tocar cuestiones de raza. Y el jugador, que no parece capaz -ni con ganas- de aislarse del entorno, terminará explotando de pura impotencia.

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