31 enero 2023
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Fiesta

05 dic 2022 / 03:00 H.

    La frase se atribuye —con desmedida audacia, no cabe la menor duda— a Julio César: “Beati hispani, quibus vivere est bibere” (dichosos los hispanos, para los cuales vivir es beber). En el latín que dio origen a nuestra lengua se diferenciaban fonéticamente las formas ‘vivere’ y ‘bibere’. No ocurría así en el oeste de la Romania.

    Los filólogos más serios asocian la frase de ‘vivere’ y ‘bibere’ a los renacentistas: es recurrente, en este sentido, citar a Julio César Escalígero, médico, humanista y filósofo italiano del siglo XVI como presunto creador o difusor del dicho. Bien: no tiene mayor importancia determinar la autoría de la sentencia: valga decir que alguien que tenía un evidente sentido del humor, un claro ingenio, la creó hace siglos.

    ¿Qué parece deducirse del párrafo precedente? En primer lugar, que en el español del XVI sucedía exactamente lo mismo que en el español actual: esto es, que en castellano no se dan diferencias de pronunciación al emitir la primera ‘v’ de ‘vivere’ y la primera ‘b’ de ‘bibere’. Y lo mismo puede decirse de la segunda ‘v’ de ‘vivere’ y la segunda ‘b’ de ‘bibere’. En eso radica la gracia del dicho que estamos analizando: en términos fonéticos, para un español es lo mismo vivir que beber.

    Entre paréntesis, pero sin paréntesis: lo más probable es que la gran masa de hablantes nativos del español nunca se haya dado cuenta de que en la lengua castellana no se diferencian fonéticamente la ‘b’ y la ‘v’: lo normal, decía el gran lingüista ginebrino F. de Saussure, es que los hablantes sean totalmente inconscientes de su lengua. Excepción: un pequeño grupo de hablantes más o menos cultos sí distinguen en su práctica lingüística ‘una baca’ de ‘una vaca’. Le recomendamos vivamente que no siga su ejemplo.

    La reflexión lingüística que supone distinguir conscientemente dos o más elementos formales debe completarse con un análisis pragmático-cultural. ¿Ya teníamos hace siglos una fama molesta que nos llevaba (y nos lleva) por diversos derroteros alcohólicos? ¿Es esa fama algo merecido o es otro sambenito hispánico? ¿Es cierto que el deporte favorito de los pueblos ibéricos sigue siendo el levantamiento de vidrio en barra fija? Sea como sea, ¿ha de tenerse como una nota especialmente admirable de estas tierras? ¿Es un signo de decadencia para el español que lo que antes se igualaba (‘vivere’, ‘bibere’) ahora se distinga (‘vivir’, ‘beber’)? Obsérvese que, en compensación, nuestra lengua ha prestado a otras la palabra esencial: fiesta.

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