26 julio 2021
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Far niente

19 jul 2021 / 03:00 H.

    A pesar de la pandemia y de las incertidumbres de la vida económica del país, casi la mitad de los participantes en las redes sociales de una cadena de hoteles (un 42%) tiene la intención de viajar entre julio y agosto, aprovechando las vacaciones escolares de los hijos. Un 23% esperará al mes de septiembre para disfrutar de sus vacaciones. Esto es lo que concluye un estudio online realizado por un importante grupo hostelero español, el Barceló Hotel Group.

    Estos porcentajes atienden preferente o exclusivamente al turismo interior. Habría que añadir, al menos en un año tipico, los 23 millones de turistas españoles que, de acuerdo con los datos proporcionados por la Organización Mundial del Turismo, viajaron al extranjero desde España. Había y hay ganas de viajar, desde luego. Unas ganas de viajar que a veces no se vinculan con el pensamiento de los sabios. Recuérdese, por ejemplo, el conocido teorema de Miller: “Las vacaciones son un caro juicio de fuerza. La única satisfacción la produce la supervivencia”. No menos concluyente parece el axioma de Paul Theroux: “Los viajes son glamurosos solo cuando se recuerdan”.

    Las visiones contrarias del asunto (las que sostienen que viajar es más que recomendable) abundan tanto como el número de viajeros. Véase en palabras de Mark Twain: “Los viajes les sientan fatal a los prejuicios, el fanatismo, la estrechez de miras, y muchos de nuestros conciudadanos necesitan dolorosamente estas carencias. Una visión amplia, global y caritativa de los seres humanos y de las cosas no puede ser adquirida vegetando en el rinconcito de la Tierra en que nos ha tocado vivir a cada uno de nosotros”.

    Estoy jugando en esta columna con conceptos solo próximos. La palabra ‘vacaciones’ se asocia, en primer lugar, a la noción de viaje (las vacaciones sin viaje son para muchos, vacaciones a medias). En segundo lugar, a la noción de descanso, no siempre compatible con la idea de ‘no-trabajo’, de “descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios”, de dolce far niente. Pierre Daninos, en su Vacances à tous prix, destacaba que el no hacer nada, en su forma prototípica ese dolce far niente ya aludido, es una ocupación maravillosa en que lo esencial es estar siempre haciendo algo. Dura vida la del que no tiene vacaciones; más dura aún es la del que las tiene y tiene que ocuparlas. No hacer nada exige mucha preparación. Pero puede tener un dulce resultado.

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