17 mayo 2022
  • Hola

¿Estás bien, mi niña?

14 may 2022 / 03:00 H.

    CON 16 años a ratos eres mayor y a ratos te sientes invisible. A ratos vuelas y a ratos te arrepientes de lo alto que llegaste y te asustas y buscas consuelo. A ratos, muchos, te sobran tus padres, pero a ratos les buscas desesperadamente porque sin ellos sientes que te falta el aire. Una niña de 16 años no es un cuerpo que puede abortar, como nos intenta hacer creer la ministra Irene Montero.

    A ratos como mujer te sientes bien y a ratos, culpable. Macarena Olona -olvídense de partidos, hablamos de la mujer- en una intervención de las más desgarradoras que se ha escuchado en el Congreso disertó sobre el vacío de mujeres de su generación, víctimas de un feminismo que lleva primero a buscar el éxito o la autosuficiencia y después, solo después, a ser madres. Hablaba -lástima del tono mitinero- de mujeres que se encuentran a los 40, 50 o 60 años con que al llegar a casa solo les queda el eco de las paredes vacías y en la vida de muchas no hay ni éxito -porque el feminismo oculta que es muy difícil de alcanzar tanto para mujeres como para hombres- y tampoco ‘bebé milagro’. Y esa es la soledad.

    Ese feminismo de segunda generación ve opresión, no elección, en la combinación de maternidad y familia y siempre nos hace sentir culpables elijamos ser amas de casa o trabajar fuera, decidamos tener niños o no. Es la lucha de la biología y de la libertad contra una sociocultura impuesta. Y caímos en su trampa de la paridad, que sitúa el listón para la mujer en el de las ‘top’ porque, a diferencia del hombre, nos obliga a demostrar que no trabajamos por cuota.

    Ahora a mujeres que eligieron y pudieron ser madres se les intenta apartar de la maternidad con una ley que permitirá a su niña abortar a los 16 sin su consentimiento o el del padre. Una mujer es dueña de su cuerpo para abortar pero, en cambio, el Gobierno se permite orientarla hacia que sea empresaria para que Calviño no pose solo con hombres. Vivimos con políticas del Gobierno dirigidas a que las mujeres sean cuerpos exitosos, sin estorbos como bebés a destiempo, y con estorbos como la baja por regla dolorosa, que, aunque no implique su uso, sí anima al empresario a no contratar a mujeres. Y el éxito es llegar a un puesto alto y el fracaso, en jerga feminista, quedarse en casa y ser madre.

    La mujer madre suele ser quien elige ser ama de casa o reducir su jornada o quien solicita días para cuidar de su niña. Lo elige porque suele sentir la necesidad de estar cerca. Solo la biología que niega Montero puede explicar que la mujer dedique más tiempo a sus hijos, por muchos esfuerzos del Gobierno por sacarla de casa, o que recele de delegar su cuidado.

    Y ahora a esa mujer la ministra le quiere arrebatar a su niña adolescente cuando lo único que pide la madre es saber de ella, aunque su conversación se traduzca en portazos. La felicidad de madre es preguntarle con la mirada, ‘¿estás bien, mi niña?’ y encontrarse un sí. Es estar ahí por si un día, si la adolescencia se la llevó, decide volver a sus brazos. Y es no querer que los 16 sean un punto sin retorno. La felicidad de una madre está en saber que a tu niña no le va a pasar nada, que está segura, que alguien la cuidará si no estás.

    El aborto a los 16 sin el consentimiento de los padres o al menos de un tutor o de un experto es una aberración. Se trata de abortar y se aborda como si fuera decidir sobre si ir o no al súper. Es una aberración porque este Gobierno que permitirá el aborto solitario de una niña que solo a ratos es mujer no consiente que se sacrifique un perro sin consentimiento veterinario. Es una aberración porque en lugar de legislar para la mayoría y plantear excepciones lo hace para la minoría de niñas maltratadas por sus padres. Es una aberración porque a este Gobierno que anuncia la bajada del IVA para las compresas no se le ocurre dejarlo en cero para los preservativos o regalarlos porque esta Ley del disparate parte de considerar el aborto como un método anticonceptivo más y no, ministra, hay vida. La hay aunque el Gobierno proteja más la vida de los perros que la del niño que no nacerá y la de esa niña de 16 que se tomará pastillas anticonceptivas como si fueran paracetamol.

    La nueva Ley del Aborto, al margen del intenso debate ético o de apreciaciones como la incongruencia de no poder beber a los 16 y sí abortar, supone la negación total de la mujer porque de niña solo la considera un cuerpo y como madre, prescindible. Es la primera vez que Montero iguala desde su Ministerio de los 20.000 millones a hombre y mujer porque en la nueva ley ninguno de los progenitores pinta nada. “¿Estás bien, mi niña? Solo pido que me permitan saberlo”.

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