23 mayo 2022
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Estamos en manos de Dios... y de monseñor Omella

18 ago 2021 / 03:00 H.

    La España vaciada se quema. El domingo escuché al obispo de Ávila, miembro de la comisión ejecutiva y permanente de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, haciendo una radiografía de la situación del incendio de la sierra abulense y de las consecuencias que tendrá para una población que ha padecido también los graves efectos de la pandemia y me gustó. Gil Tamayo aprovechó, como suelen hacer los políticos y él maneja bien los resortes de la comunicación, para denunciar la precaria situación de una ciudad como Ávila. A tiro de piedra de Madrid, pero en un España cada más vaciada por la carencia de infraestructuras y de atractivos que le permitan a la gente quedarse a vivir y no emigrar a la capital.

    “Yo he dicho muchas veces que a pesar de estar cerca de Madrid estamos aislados. A esta Castilla despoblada se le une esta pobreza, era zona catastrófica y solo pueden dar remedio las administraciones”, ha dicho el pastor abulense.

    Me gusta que los obispos, aunque pertenezca a la jerarquía, se arremanguen y pisen la tierra, como hizo Jesucristo, para que se empapen de los problemas terrenales.

    Pero la España vaciada para la que monseñor Gil Tamayo reclama la atención de las administraciones también es Ciudad Rodrigo, una diócesis muy pequeña, muchos más alejada que Ávila del centro de decisión y de poder, pero con las mismas necesidades o más. Sin embargo, a ese desamparo también se une en Ciudad Rodrigo la vacante episcopal, que lleva si titular desde junio de 2018, cuando a don Raúl Berzosa “lo retiran” por motivos personales.

    Los mirobrigenses hemos pedido varias veces la intercesión de la jerarquía de la Iglesia, a la que pertenece don José María Gil Tamayo, porque nos encontramos huérfanos a pesar de que contamos con un administrador apostólico, Jesús García Burillo, al que jubilaron de Ávila.

    Queremos un obispo propio, al que sintamos a nuestro lado y que reivindique, como ha hecho monseñor Gil Tamayo, necesidades terrenales de la España vaciada. A usted, don José María, que ha demostrado que es capaz de estar con sus fieles, le pedimos que no se oponga nunca más, como hizo con la declaración institucional que iban a aprobar las Cortes, a la legitima aspiración del pueblo de Miróbriga y su comarca de contar con un obispo propio, un pastor que conozca nuestras necesidades y que no nos abandone por pertenecer a esa España vaciada a la que todos parecen que quieren dar la espalda. Usted puede trasladarlo al presidente de la Conferencia Episcopal para que persuada al papa de que no pueden actuar como los políticos y eliminar la diócesis porque no es rentable.

    Mientras tanto, Pedro Sánchez coordina desde una tumbona en La Mareta las labores de repatriación de los españoles en Afganistán. Nos hemos enterado por un tuit. Se fue de vacaciones anunciando en Salamanca un cargamento de vacunas -nada más y nada menos que 3,4 millones de dosis de Pfizer extra-. Lo dijo ya hace casi veinte días, en la conferencia de presidentes, para acallar las críticas de los líderes autonómicos por lo vacuas que son este tipo de reuniones que convoca el señor presidente sin preparación y con escaso contenido. Y veinte días después del pomposo anuncio y de la espectacular foto de la Plaza Mayor y del convento de los Dominicos y a menos de dos semanas para que acabe agosto, nadie sabe nada. Aquí, en Salamanca, han llegado 670 dosis más que la pasada semana, pero menos vacunas que hace quince días.

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