28 septiembre 2020
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España necesita un lavado de cerebro

17 sep 2020 / 03:00 H.

    Las cifras de fallecidos y contagiados por coronavirus no paran de crecer, pero el Gobierno no está preocupado en absoluto. Es tal la tranquilidad del equipo sanitario de Pedro Sánchez que su experto de cabecera y portavoz de Emergencias se marchó de vacaciones el pasado sábado y a estas horas cruza el Mediterráneo en un yate, cogiendo moreno para dar menos pena en la tele cuando le toque volver a informarnos de que la cosa no es tan grave y que tendremos dos o tres casos, o pocos más.

    Mientras el pánfilo Simón surca globo los cielos de la isla para respirar aire sano o se sumerge junto al mediático Jesús Calleja en el mar proceloso a la búsqueda de cefalópodos, el Gobierno sigue cruzado de brazos, viendo cómo la sanidad se colapsa, la economía se hunde, el paro se dispara y la deuda sube más rápido que el globo aerostático de la Cuatro.

    Al Doctor Sánchez todas estas pamplinas del COVID le tienen sin cuidado. Al Gobierno socialcomunista que preside Sánchez lo que de verdad le preocupa es reinterpretar el pasado, hurgar en las viejas heridas de la Guerra Incivil, adoctrinar a las generaciones futuras y alinear nuestros pensamientos con la particular visión de la historia de la izquierda exquisita, la que salió de las tiendas de campaña de la Plaza del Sol para instalarse en las villas de lujo de Galapagar.

    Rematado el proyecto zapateril de dividir España en dos con la Memoria Histórica (esa ley que el indolente Mariano Rajoy se negó, se olvidó o sencillamente consideró “un lío” derogar), el Ejecutivo de la nación más destrozada por el virus entre todas las del mundo desarrollado no tiene otro asunto más urgente que tramitar la ley de Memoria Democrática. La salvación de la economía y el control de los rebrotes dependerá de cómo recordemos el franquismo: ni test, ni rastreadores, ni sanitarios... España lo que necesita es un buen lavado de cerebro. Así lo ha decidido quien manda en la Moncloa, es decir, Producciones y Ficciones Iván Redondo SA.

    Con el inefable Zapatero contemplamos la revancha de quienes perdieron la guerra contra los sublevados y ahora, tras la victoria moral de los derrotados, el sanchismo nos amenaza con la cheka, con una fiscalía especial, quizás también con una policía política al estilo KGB o Stasi, con castigos, multas y excomuniones a todo aquel a quien se le ocurra cuestionar la doctrina del nuevo viejo socialismo (no el de Felipe González, sino el de Largo Caballero). No hay más que observar la foto de Pablo Iglesias, antes El Coletas y ahora el del Moño, negociando ayer en su descomunal despacho de vicepresidente la participación en los Presupuestos del separatista Rufián con un cartel del Frente Popular como telón de fondo, para entender de qué va todo esto.

    El anteproyecto de Ley de Memoria Democrática (la de Memoria Histórica no era democrática, está claro) viene a confirmar que el leonés ZP era un mero aprendiz de comecocos, un ‘rojo’ (así se autodefinió) de los blandengues, de los que solo se preocupan de las tumbas y las estatuas, olvidando que la instauración de un régimen socialcomunista requiere ir mucho más lejos para asegurarse el control de las masas y las mentes. No hay nada más opuesto al proyecto patrocinado por el matrimonio de Villatinaja y el ilusionista Redondo (Sánchez carece de ideología más allá del narcisismo) que la libertad de pensamiento. Así que la nueva Ley se ocupará de inculcar a martillazos las ideas del revanchismo pijiprogre a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, a los profesores y a los militares. Iglesias, la ministra de Igual Da y Producciones Redondo les dirán lo que tienen que pensar.

    “Nuestros jóvenes deben saber de dónde venimos”, afirmó ayer la vicepresidenta Carmen Calvo en la presentación de las tablas de la Ley de Memoria Democrática. No sé los demás, pero este Gobierno donde ejerce Calvo sí sabemos de dónde ha venido: de un pacto maloliente con comunistas, golpistas y proetarras. A ver si lo cuentan en los manuales.