14 diciembre 2019
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Entre emergencias

01 dic 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

Vivimos entre emergencias. La Unión Europea acaba de declarar la emergencia climática y el pleno del viernes no comentó nada —no lo escuché, al menos—, como si Salamanca no se diese por aludida. Estamos en el ajo, concejales, y deberían comenzar a tomar medidas educativas y activas, que vayan más allá de peatonalizar calles. Terminé hace unos días “El planeta inhóspito”, de David Wallance-Wells y la conclusión es que nos queda un telediario. Nuestros hijos vivirán en un planeta peor, los nietos tendrán que luchar contra una Tierra inhóspita y los bisnietos es probable que no lleguen a nacer. Dicen los viejos de este país —¿se acuerda de la canción “Libertad sin ira”— que son paparruchas y exageraciones. Los científicos no piensan así. Tenemos ahí a referencias como nuestro José Abel Flores que no duda del cambio climático. El libro de W-Wells sostiene que prácticamente es imposible revertirlo y que no habrá milagro científico. Se acabó el mundo que conocemos.

Otra emergencia. La demográfica. Ciudad Rodrigo ha acogido un congreso y se ha hablado mucho de despoblación y prácticamente nada de repoblación. Somos incapaces de pasar de pantalla. Internet no llega a la provincia, la calidad de los servicios es baja, el modelo actual de agricultura no emociona a los jóvenes... ¿qué ofrece el mundo rural? Tranquilidad y aire puro. Con eso no se vive. John Berger dejó escrito que “los paisajes pueden ser engañosos”. Lo cita mi admirada María Sánchez en “Tierra de mujeres” —las únicas que puede poner remedio a la despoblación rural desde la cultura, sostiene— donde afirma que “en ningún momento escuchamos la voz de los campesinos”, el relato del campo, del medio rural, suele estar en mano de los forasteros.

Nuestra identidad está en riesgo. Otra emergencia. Internet también está en manos de gentuza que hace con nosotros lo que quiere. Leer “El enemigo conoce el sistema”, de Marta Peirano, revela el lado oscuro de la comunicación. Esa gentuza sabe lo que pensamos y vamos a pensar o decidir –se vio en la consulta que alumbró el Brexit—y en consecuencia nos manipula con sus mensajes para dirigir más nuestras vidas. Una manipulación que está detrás del dichoso “procés”, uno de los mayores ejercicios de manipulación digital conocido en España y que se desvelará con el tiempo.

No estoy depre sino preocupado. Hay que comenzar a enfocar con claridad aquello de lo que depende nuestro futuro y no creo que como sociedad lo estemos haciendo. Veremos qué nos depara la Cumbre del Clima, las políticas de despoblación —que nunca llegan— o las investigaciones sobre las injerencias ruso-ucranianas en nuestra política. De momento, la paz solo es posible encontrarla en los cuadros de Josefina Pérez de la Torre (La Salina) con esa textura onírica que trasmite sosiego; en escritura como la de Marina Torrás en “Azul Venezia”, presentado esta semana; en la música de Javier Rubial, que actuó anoche en el Liceo, donde esta semana el Centro de Estudios Salmantinos recibe la Medalla de Oro de la Ciudad, o en una copa de vino que sepa transmitirnos ese paisaje en serio riesgo, pongamos que los que se probaran en el Casino este lunes llegados de la Sierra de Francia.