05 diciembre 2019
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Emociones y papel

31 oct 2019 / 03:00 H.

Mi dieta no son sólo hidratos, minerales, proteínas... Mi equilibrio vital lo consigo con una fórmula magistral compuesta de emociones y papel, mi alimento desde que tengo, creo, uso de razón, pues Dios, creo, me “castigó” con un suplemento vitamínico de sentimientos y curiosidad que, lejos de abandonarme, ha ido in crescendo hasta llevarme a partes iguales a tocar la verdad, alguna verdad al menos, y a llorar de pura emoción, sea cual sea la emoción, sonrisas o lágrimas, ya saben...

Y mientras las emociones crecen y crecen incluso dentro de esta confusión global con la que nos ha obsequiado el siglo XXI, mi curiosidad se ha visto seriamente comprometida en plena “sociedad” de la información... pues el papel ha quedado reducido a los libros dormidos y a la imparable prensa del corazón, cuyos títulos y estúpidos personajes (te echo de menos Raquel Welch) llenan los quioscos, antes ventanas al mundo a través de la Prensa, con mayúscula, y hoy abarrotes sin alma...

Me fastidia parecer mayor, pero recuerdo “Life”, “Newsweek”, “Paris Match” y tantas otras cabeceras internacionales, y me parece estar repasando la lista de los Reyes Godos, perdido en el tiempo y en el espacio... Incluso hasta Salamanca llegaba algo de aquella prensa luminosa, llena de artículos, opiniones y reportajes de un mundo casi por descubrir y cargada de maravillosas fotos, cuando la fotografía era un arte y una inquietud intelectual.

Hoy, la prensa culta que eran aquellas revistas glamurosas casi ha desaparecido, y no es poco que aún los diarios sigan sirviéndose calientes en las mañanas de nuestras vidas, aunque hoy ya muy poco importen ni el olor de la tinta ni la música del tiempo que se escucha al paso de las hojas.

Hoy aparentemente todo está en el teléfono móvil, pero no es cierto; lo único que está en Internet es la biblioteca de nuestra prisión: no podemos elegir, pues nos han quitado el hábito de la lectura, el tiempo para leer, y la playa que era nuestra mente. Playa Reflexión.