21 mayo 2019
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El voto inútil

23 abr 2019 / 03:00 H.

La campaña según los politólogos empezó anoche con el primer debate entre los candidatos de cuatro de los cinco partidos con opciones de tener más representación en el nuevo Parlamento. Estamos pues en la recta final de una campaña anodina y atípica (incluida la larguísima precampaña) porque ha caído en medio de la Semana Santa y porque se ha hablado poco de programas y mucho de anécdotas, de enfrentamientos y de unas listas que tienen mucho de “photocoll” y poco de prestigio y seriedad.

Es bastante mejorable el nivel medio del Parlamento que saldrá de las urnas en próximo 28 de abril. Los fichajes de algunos partidos han bajado tanto la calidad parlamentaria que encontrarán dificultades hasta para repartir los papeles en las diferentes comisiones de trabajo.

Y de este desprestigio de la política y de los políticos serán el PSOE de Pedro Sánchez y Vox los partidos que se sacarán provecho, porque la campaña, que algunos dicen que empezó anoche, pasará con más pena que gloria en cuanto a propuestas,con unos líderes que tienen bastante más en común de lo que ellos quisieran y con unos programa que se diluyen como el azucarillo en el agua. Se ha hablado demasiado de todo y se ha concretado muy poco. No me extraña que a estas alturas haya todavía más de un 40 por ciento de indecisos, entre los que no saben a quién votar y los que se quedarán en casa por no saber qué elegir.

Rajoy y Sánchez o Rivera gustarían más o menos, pero tenían muy poco en común. Nadie podía decir que las opciones que se presentaban ante los electores no eran radicalmente diferentes, tanto en estética como en contenido. La renovación del PP en julio y el crecimiento desmedido de los hijos adoptivos de Aznar y Aguirre, es decir Vox, han igualado demasiado a la clase política española, dejando a algunos partidos sin señas para ser identificados con nitidez por sus votantes.

El domingo elegiremos entre dos bloques: el centro-izquierda con los separatistas e independentistas y el centro-derecha con sus matices. Pero lo que vaticinan las encuestas, además de la fuerte abstención, es que la división del voto del centro y la derecha y la debacle de la izquierda radical de Podemos beneficiará a Pedro Sánchez, que prácticamente sin hacer nada en esta campaña y de habernos situado en los nueve meses de gobierno en el precipicio de una crisis económica y social, sacará un excelente resultado. Lo único que nos falta por conocer, y lo tendremos que intuir el domingo por la noche, es si Pedro Sánchez reproducirá los pactos de la ignominia con los golpistas y los amigos de los proetarras o si pactará con Ciudadanos en caso de que los escaños de Rivera, Casado y Abascal no den para reeditar el acuerdo puesto en marcha en Andalucía.

Los partidos apelarán al voto útil en estos pocos días que quedan antes de que acudamos a las urnas y tiene todo el sentido del mundo. Yo hablaría más de un voto inútil. Todo lo que no sea votar a partidos con posibilidades de sacar escaño, es tirar directamente la papeleta a la basura. Es lo que ocurrirá en las nueve provincias de Castilla y León, incluida Salamanca, con las papeletas de los votantes que con toda su sana intención deseen apostar por el partido de Abascal porque ni Casado ni Rivera les acaba de convencer. No conseguirán que Vox saque un diputado, pero sus votos estarán favoreciendo la opción de que sea el PSOE quien consiga el cuarto diputado que está en juego.

Y con independencia del voto inútil, Vox y su líder necesitan un correctivo en Salamanca. Todo no puede valer, ni en la vida ni en política. Los salmantinos no pueden permitir que al amparo de unas siglas se presente gente muy poco digna para merecer representarnos en las instituciones. El presidente de Vox en Salamanca, Rafael Revert, que se presenta en la candidatura a las Cortes, ha demostrado que quiere un partido en el que nadie le haga sombra, donde la mediocridad y la falta de ejemplaridad sean un mérito. Pero no me hagan caso a mí, pregunten a los salmantinos que conocen su trayectoria.