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Parece que nadie quiere atajar de verdad uno de los principales problemas que tienen los jóvenes, y los que ya no lo son tanto, que es el acceso a la vivienda. Alquilar con los salarios actuales es poco menos que imposible para una generación que llega al cuarto de siglo aún estudiando, y cumplir el sueño de comprar una casa es una utopía.

El Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud daba a conocer esta semana unos datos realmente preocupantes: los jóvenes destinan dos de cada tres euros de su sueldo a pagar el alquiler. Con este panorama a ver quién se puede ir de casa de mamá... Esto que puede parecer un dato frío viene a significar que un joven salmantino debe elegir entre emanciparse o vivir. El tercio del sueldo que les queda limpio a quienes trabajan tiene que ir a pagar los gastos de comida o transporte, por lo que lo de salir, viajar o tomar una cerveza con amigos a los 30 años se complica. Ante esta situación, lógicamente alargan la estancia en la casa familiar lo máximo posible.

Esta imposibilidad de acceder a la primera vivienda con una edad adecuada tiene como consecuencia el irremediable descenso de la natalidad y la despoblación de la que tanto se les llena la boca a los políticos cuando llegan estas épocas electorales.

Lo de ser propietario de una vivienda es un verdadero lujo. En pareja puede llegar a plantearse, pero hacerlo desde la soltería es imposible. El derecho a una vivienda digna figura en la Constitución en una página que debe estar arrancada porque nadie ha prestado atención a ello.

Pedro Sánchez se afanaba en los medios de comunicación en informar que a través de la Sareb iba a poner a disposición de las familias “tropecientas” viviendas... bla bla bla. El caso es que aquí, en la provincia de Salamanca hay la friolera de 12 espacios habitables. ¡Vaya timo! Al final se trata de inmuebles que nadie quiere porque no debe ser agradable que tus pocos ahorros vayan destinados a pagar una casa en la que tus vecinos son okupas y familias conflictivas que te van a hacer la vida aún más difícil.

La Junta de Castilla y León también daba a conocer recientemente que iba a ayudar a los menores de 35 años a conseguir una hipoteca. Una buena iniciativa que se queda corta de base y que nace como idea más efectista que efectiva. La promesa es que un joven de menos de 35 años va a poder acceder prácticamente al cien por cien del préstamo hipotecario, lo complicado es saber qué banco puede conceder este crédito a una persona con un salario medio de 1.200 euros al mes al que lógicamente, si llega al mercado laboral con 30, no le ha dado tiempo a ahorrar un mísero euro.

Constructoras e inmobiliarias dan la bienvenida a la iniciativa, porque menos da una piedra, pero son conscientes de que si no se amplía hasta como poco los 40 años apenas tendría impacto real en la sociedad. Los principales demandantes de una primera vivienda son personas que llegan en torno a los 40 años y a los que les echa para atrás el no tener el dinero suficiente para pagar la entrada y los gastos, de ahí que en esa franja de edad sí tendría sentido la ayuda de las administraciones. De la misma manera debe llevarse a cabo una labor de concienciación con las entidades financieras, porque es comprensible que se nieguen a conceder préstamos a personas que terminarían pagándolos una vez jubiladas.

El problema es mayúsculo. Sin vivienda, ¿quién se atreve a formar una familia?, ¿quién se atreve a emprender”... ¿quién se atreve a ser feliz sin techo?

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