01 diciembre 2021
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El poder de la comida

25 oct 2021 / 03:00 H.

    “Podemos llevar estabilidad y paz a distintas partes del mundo, pero solo si primero nos aseguramos de que las familias tienen alimentos en la mesa”. Esta reveladora frase fue una de las más impactantes que pronunció el chef José Andrés durante la entrega de los Premios Princesa de Asturias el pasado viernes en Oviedo. Su discurso fue soberbio. Una bofetada de realidad para una sociedad que ni tan siquiera valora el privilegio de tener cada día algo que llevarse a la boca. Creemos que nos viene dado. Que está asegurado de por vida. Y esa relajación desemboca en desprecio. En que cada año en el mundo el 14 por ciento de todos los alimentos que se producen acaben en la basura o ni tan siquiera lleguen al consumidor. No nos inmutamos por tirar un yogur que caducó hace dos días. Por desechar medio filete porque hoy no tenemos demasiada hambre. Por acabar mandando al basurero medio kilo de manzanas porque calculamos mal en la frutería. Está a la orden del día. Algunos con ironía dicen a la hora pisar el pedal del cubo y arrojar la vianda de turno, “con el hambre que hay en el mundo y nosotros desperdiciándolo”. Pero volvemos a repetir una y otra vez la operación.

    José Andrés metió el dedo en la llaga. Abrió un melón que nadie en un foro de esta magnitud había abierto hasta la fecha. Y hay que agradecérselo. En este objetivo común de ser más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente está el compromiso por desperdiciar menos comida. Hay que comer mejor y más saludable. Comprar solo lo que vamos a necesitar. No dejarnos guiar por las naranjas o manzanas mas coloridas y perfectas y apostar por esas no tan atractivas, pero que vienen de las Arribes o de la Sierra de Francia y tendrán más sabor y durarán más porque no han estado conservadas en las malditas cámaras. No confundir el consumo preferente con la caducidad y, sobre todo, dejar las sobras para otro día. Son pequeños gestos que pueden parecer insignificantes, pero que ayudarían que cambiar esa apabullante estadística de alimentos desaprovechados.

    Afortunadamente cada vez vemos más iniciativas que intentan voltear esa preocupante tendencia. Aplicaciones en las que bares y tiendas ofrecen al final del día sus sobras a un precio muy ajustado. La nueva ley que ha aprobado el Gobierno y que obliga a los restaurantes a facilitar a los clientes un recipiente con las sobras. Son pequeños pasos que van en la buena dirección aunque todavía queda mucho por hacer.

    José Andrés también habló de mejorar la salud a través de la comida. En España tenemos la suerte de contar con una de la dietas más sanas del mundo, pero países como Estados Unidos tienen un problema muy serio que acaba multiplicando el gasto en sanidad, las bajas laborales y, en definitiva, mermando la esperanza de vida. Como ven, avanzar en este aspecto supone a la larga un ahorro en todos los ámbitos.

    Admiro que ese cocinero nacido en Mieres y que ha logrado cumplir el sueño americano en el máximo sentido de su expresión, haya optado por dedicar gran parte de su tiempo a alimentar a los que lo necesitan. Personas que, en muchos casos, tenían esa seguridad de que nunca les iba a faltar un plato en la mesa. Pero llegó un huracán, un volcán o el propio coronavirus y cambió todo. De la noche a la mañana la necesidad más básica del ser humano no estaba garantizada. Y él estuvo allí con su Word Central Kitchen para “dar de comer a los hambrientos” como él mismo señaló ante un emocionado teatro Campoamor. José Andrés es un modelo a seguir. Un español de los que uno se siente orgulloso de ser su compatriota. El vivo ejemplo de que cualquiera desde su parcela, por pequeña que sea, puede poner un granito de arena para cambiar el mundo. Él lo ha hecho desde unos fogones poniendo de manifiesto el poder de la comida.

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