09 julio 2020
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El plató de la realidad

24 jun 2020 / 03:00 H.

    La crispación, como el amor, está en el aire. John Paul Young, en 1977, y otros después han cantado la famosa canción que tantos achuchones provocaba en las salas de baile o “disco”, gremio en sus horas nocturnas más bajas, con sus pistas ocupadas por veladores y no por manos voladoras. La pregunta es si volverán después del decretazo de Igea. Espero que sí, aunque probablemente de otra manera. Es una propuesta de ocio que ha ido evolucionando desde las discotecas de mi edad más hormonal -Tito´s, Hindagala, Sg Pepper, Coquette, María Sangrienta, Limón y Menta, Santa Bárbara, Fresas..., por hacer memoria- y ochentera, hasta los locales de hoy, que caminan con rumbo desconocido y de noche. El amor estaba (y está) en el aire de las “discos” como la crispación, que ha saltado del Parlamento a las casas y a los platós.

    “Sálvame” arde a falta de hogueras de San Juan. Ha entrado de golpe el calor cuando allí se vive el primer gran sofocón del verano. Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban han pasado del rebrote al rebote a cuenta de la gestión de la pandemia y su sufrimiento, y el país se ha dividido. O polarizado, como el Parlamento, donde también se toma partido. El asunto ha llegado a tal extremo que Carlos Herrera ha sugerido que estaría encantado de ofrecer a la televisiva “Princesa del Pueblo” una segunda residencia. Cien mil hay en Salamanca, abriendo la esperanza a una provincia menos vacía, al menos algunas semanas al año. Una Salamanca sin party in the air, sin fiesta en el aire, por orden de la Junta de Castilla y León, amenaza incluida. La amenaza está en las peñas, dice el sanedrín del desayuno. A esos chavales no hay quien les pare y la fiesta que no puedan hacer fuera la harán en sus locales, donde el COVID 19 va a ser uno más con el pañuelo de las fiestas y la camiseta de la peña, es decir, el “estándar” de las celebraciones. Me ha parecido tan fascinante la exposición de Lara Ruiz en el DA 2, “De forma estándar”, como el silencio que se percibe en las Úrsulas, una ausencia de ruido heredada de la clausura. Hasta los vencejos sobrevuelan el claustro silenciosamente. Quizás ahora podría recuperarse aquella idea de hacer ahí el Parador de Turismo que no pudo ser en Fonseca. La paz de los claustros contrasta con el alboroto de los platós y los escaños.

    Si no los primeros, sí de los primeros en probar la nueva normalidad de las fiestas son los de Hinojosa de Duero, arribereños y queseros, que viven con sordina sus fiestas de San Juan. Felicidades, por cierto, a todos los juanes en tan señalado día sin hogueras. Otra ausencia de la nueva normalidad, que, sin embargo, no impide que las brujas anden por ahí ni que se puedan quemar (simbólicamente) los malos rollos de esta pandemia, que nos tienen viviendo sin vivir en nosotros, como diría San Juan de la Cruz, uno de nuestros juanes ilustres, con estatua de Fernando Mayoral, en Arroyo de Santo Domingo, cerca de su convento del Carmen de Abajo y la casa de Pedro Dorado Montero y su hija, María Luisa Dorado, referencia del feminismo educativo español. También Dorado y el P. Cámara tuvieron su momento de crispación a finales del XIX. El alcalde de Hinojosa, José Francisco Bautista, hizo un “Jorge Javier” en su momento, abandonando al PSOE de sus entretelas y adelantándose, así, a un año de crispaciones cuando aún no se esperaba al virus en el plató de la realidad.