16 agosto 2022
  • Hola

El placer de la carne

28 may 2022 / 03:00 H.

    AL ministro de Consumo se ve que le divierte insultarnos. Le gusta llamarnos ‘negacionistas’ a los que, según su criterio, no hacemos nada contra el cambio climático. Negacionistas para él somos los que comemos más de 300 gramos de carne a la semana o bebemos más de 3 vasos de leche en esos 7 días. Si nos insulta y nos ve fríos, entonces recurre a decirnos que si seguimos comiendo tanta carne, nos moriremos antes. De cáncer, ataque al corazón, diabetes... lo que se le ocurra. Y el resto del Gobierno, incluido el máximo responsable de Agricultura y Ganadería, calla, cuando la réplica sería tan fácil como sacar uno de los mil informes científicos que dicen lo contrario.

    El problema es que nos gobierna Greenpeace y la prueba está en que en 2018 la organización ecologista lanzó su informe “Menos es más. Reducir la producción de carne y lácteos para una vida y planeta más saludable”. En él aseguraba lo que ahora mismo mantiene Garzón. Y al ministro se le pone cara del cuervo Rokefeller manejado por esta Greenpeace amiga de Bill Gates quien, por cierto, tiene un negociazo con la carne de laboratorio y solo se lo frena la carne de verdad.

    Negacionistas hay en Portugal, sí, pero el consumo de carne de vacuno no baja porque no están en el Gobierno. En España, en cambio, se da la paradoja de que los ganaderos y agricultores -como el resto de ciudadanos- pagan con sus propios impuestos campañas publicitarias del Gobierno dirigidas a arruinarles y eso no pasa en Portugal.

    No puede ser cierto que la carne, consumida como se ha hecho tradicionalmente en España, que es tirando de refranero, del “come de todo pero no comas mucho de nada”, sea tan mala. Pero ahí está Garzón con su informe de Primaria. En él incluye tres casos para ver quién contamina más: una chica vegetariana que va en bicicleta y vive en piso compartido; un chico semi-vegetariano que vive solo y tiene coche de gasolina; o la terrible familia de 3 miembros que vive en un pueblo, es de dieta mediterránea y coche diésel. Este señor odia el medio rural. Es tan absurdo el informe, que dice que esa chica ‘perfecta’ comparte con sus compañeros de piso los electrodomésticos y los ‘negacionistas’ de pueblo, no, como si cada uno tuviera su lavadora. Pero Greenpeace no le va a la zaga. Dicen los verdes multimillonarios que hay que reducir ganado y sus pastos, pero en su informe lleno de ‘probablementes’ asegura que justo eso, reducir la oferta, podrá hacer que en los países pobres se pueda por fin comer carne de origen animal.

    Salamanca es la provincia con más vacas de España y una de las mayores consumidoras de carne: siempre se ha tirado de matanza y arcón y es un sacrilegio que falte jamón en las fiestas. En Salamanca acaba de celebrarse un congreso de vacuno en el que científicos han desmentido a Garzón, aunque ha faltado una prueba incontestable. No encaja cómo, si la carne nos mata y además muy pronto, esta provincia es una de las que más centenarios tiene de Europa. Que nos explique Garzón cómo la mayoría de los de más de 100 años de España viven en ciudades de interior. Faltó en el Congreso ese centenario que contara su receta para vivir tanto porque cuántos de ellos la tienen clara: comer carne, chorizo y copita de vino. Se habla mucho de despoblación, pero con lo que ansiamos todos vivir, hay que ver qué poco valor le damos a que esta tierra tenga la magia de acoger tantos cumpleaños.

    No todo lo de Garzón es malo. Por ejemplo, cada vez que habla, se vende más carne. Por eso puede ser el momento de que Salamanca haga de necesidad virtud y se convierta en el lugar de los enamorados de la carne de vacuno porque, además, es la provincia perfecta para conocer lo que significa ir ‘de la granja’ -la dehesa- ‘a la mesa’. Y es uno de los pocos lugares del mundo donde se crían terneros de casi todas las razas, con lo que no cabe más variedad de carta. No es descabellado que la ‘19 de abril’, que organizó el Congreso, gire hacia asociación en defensa de la carne y aúne esfuerzos de instituciones, ganaderías y hostelería para combatir a Goliat.

    Porque el tiempo se agota. El ‘tic tac’ de Greenpeace y Bill Gates no se detiene y Garzón está a punto de apretar el botón. Se lo pide, por ejemplo, el Partido Animalista PACMA, colega también del ministro, que a raíz del último estudio ya le dice a Garzón que debe aplicar un impuesto climático a productos de origen animal, semejante al del azúcar.

    Hoy, final de Champions con vino, solomillo y jamón. Justo lo mismo que eligió Garzón como menú para su boda. El ministro es comunista y amigo de Greenpeace y nos insulta, pero se ve que al menos cuando piensa en él, tonto no es.

    Recupera variable LOGO:
    https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/d02eb2dc-2fcb-4c80-a2f6-a5cfab1e30e3.svg

    https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/a835bb89-65e8-449c-9619-d30e7c8e74ec.png