23 marzo 2019
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El pito del sereno

16 mar 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

EstoQ se anima más y más según pasan los días, falta casi mes y medio para las elecciones y no hay quien ponga siquiera una pizca de cordura, de sensatez, de seriedad, de decencia que nos oriente un poco. El 28-A nos jugamos todo y andamos sin saber hacia dónde nos lleva la inercia de la deriva de los acontecimientos, que sería divertidísimo si no fuera por la sordidez del trasfondo que arrastra consigo todo ello.

El escenario nacional tiene como telón de fondo las elecciones generales y todo se mueve bajo esa perspectiva, siempre presente y siempre condicionando, por eso la Junta Electoral Central requirió a Torra que retirara los lazos amarillos, carteles y esteladas de los edificios públicos dependientes de la Generalitat, requerimiento argumentado en la neutralidad política que la propia ley exige, neutralidad que debe respetarse durante los procesos electorales. Le dio un plazo de 48 horas para hacerlo, han pasado más de 96 y los lazos amarillos, carteles y esteladas siguen donde estaban, por considerar el Govern de Cataluña una “demanda ridícula” de la Junta que la Generalitat no piensa obedecer, porque retirarlos sería aceptar una censura, es decir, una agresión a la “libertad de expresión” del pueblo catalán por parte del Estado español.

El Gobierno ha dicho que los retirará y sancionará a los responsables por desobediencia. No hacerlo sería permitir un paso más hacia una situación límite del todo inadmisible que supondría una flagrante dejación de funciones al permitirlo, dándole alas a la tribu que sin atenerse a leyes ni a nada que les frene, trata de romper la unidad nacional que el Gobierno de la nación está obligado con todos los medios a su alcance a impedir por las buenas o por las malas. De momento, los lazos, carteles y esteladas continúan en su sitio sin que el Gobierno haya movido un dedo. Tanta pasividad da a entender de que el Gobierno seguirá dando largas y permitiendo, que es lo suyo. Prefiere no alborotar a la buitrera, ya que de tener contentos a quienes se mueven en la dirección que marca el procès puede depender su futuro [el de Pedro Sánchez] en La Moncloa y no pierde ocasión para insinuarles que no van solos. De hecho lleva más de 48 horas prevaricando.

Con un Gobierno sin contundencia, ancha es Castilla. Es lo que le faltaba a España para convertirse en la casa de tócame Roque, además, con sus muchas consecuencias añadidas (deterioro de la imagen, del prestigio, de la confianza...), porque si el primero que no respeta su integridad es quien debería defenderla más que nadie, no puede esperarse otra cosa de los demás. Si echamos una mirada al paisaje político vemos que no hay por dónde cogerlo, es todo confusión, desafuero, donde cada cual va a lo suyo buscando la forma de sacar tajada a costa no de los aciertos propios sino de los tropiezos ajenos, creando a cada paso que da e iniciativa que toma dudas e incredulidad.

Se ha llegado al extremo en el que vale todo, que el fin justifica cualquier medio para alcanzarlo y nadie se corta un pelo ni se para en barras. Hay ejemplos muy recientes que lo confirman, el de Pilar Baeza, candidata de Podemos a la alcaldía de Ávila con un pasado criminal que espanta, y el del estrafalario fichaje de Silvia Clemente y posterior pucherazo al más puro estilo decimonónico por parte de Ciudadanos. Este caso, inconcebible en una democracia de corte occidental, produce bochorno, el otro, el de la candidata abulense, es harina de otro costal. Esta señora, no obstante el pasado que arrastra, por el que ya purgó su culpa, tiene derecho a presentarse. Con esta candidata se retrata el partido que la propone, también la candidata por prestarse al juego y finalmente quienes la voten, que alguno habrá, pero nada más. Y el inagotable chorro de corrupción, que no hay quien lo pare, del PSOE andaluz, entre chupitos, joyas, comilonas, putas y cuchipandas de los señoritos, más propios de banana country que de la tierra de María Santísima, porque si en España no pasa nada en Andalucía pasa todavía menos. No obstante, el hecho en sí de que se hayan producido indica la bajeza alcanzada, a la que no renuncian como medio que les permita intentar al menos conseguir cualquier fin. Si esto sirve para aclarar el panorama que ayude a ver las cosas mejor, vale, pero lo que no vale es que unos y otros, de una forma o de otra, por una causa o por otra, estén tomando a España por el pito del sereno.

Para el Gobierno lo más importante es sacar a Franco de Cuelgamuros. Ya tiene fecha (10 de junio), otra cosa es que pueda.