06 diciembre 2021
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El peligro de la reforma laboral

28 oct 2021 / 03:00 H.

    ANDAN a la gresca en el Gobierno entre el ala sanchista y el bando comunista por ver quién controla la reforma laboral en cumplimiento de su promesa de derogar los cambios que Mariano Rajoy introdujo en el mercado de trabajo, de la mano de su ministra estrella Fátima Báñez, y que contribuyeron a crear tres millones de empleos.

    Lo de menos es que Yolanda Díaz y Nadia Calviño se besuqueen o se tiren de los pelos a cuenta de ver quién manda o quién se apunta el tanto. Lo de más es el contenido de la reforma, que puede suponer un obstáculo insalvable en el camino de la recuperación.

    De todos los peligros que se ciernen sobre la economía española, que son muchos y variados, desde el encarecimiento brutal de la electricidad y el gas a la falta de suministros por el colapso en la producción de componentes, pasando por las dificultades de transporte, la inflación desbocada y el anuncio de un fuerte aumento de la presión fiscal, al estilo confiscatorio de las dictaduras bolivarianas, el plan del Ejecutivo para entorpecer las relaciones laborales constituye la amenaza más grave.

    Una amenaza que no se conjura porque Sánchez haya mediado entre las dos ‘gallitos de pelea’ y haya impuesto la participación de los hombres de Calviño en las operaciones que manejará Díaz.

    Parece una solución salomónica, pero no deja de ser una solemne insensatez. Permitir que el mercado laboral español lo diseñe una bolchevique convencida, que defiende que “el Manifiesto Comunista es un texto fraternal, apasionado en su defensa de la democracia y la libertad” es como poner una bomba en el epicentro de la creación de empleo en nuestro país. Si el modelo de la ministra de Trabajo son Venezuela, Cuba, Corea del Norte o China, nos podemos esperar cualquier disparate. En el país de Maduro, como todos sabemos, atan los perros con longanizas y todos los venezolanos hacen tres abundantes comidas al día, en Cuba los miembros del partido comunista tienen de todo (el resto no tiene de nada), en Corea Kim Jon-un y en casa de Xi Jinping los chinos trabajan con la jornada del 996 (de nueve de la mañana a nueve de la noche seis días a la semana) pero están encantados, porque no les da tiempo a gastar ni un yen

    Reducir la precariedad laboral y limitar los abusos del empleo temporal puede considerarse incluso necesario e iría en la línea de lo que nos marca la Unión Europea, pero la abogada laboralista gallega pretende convertir en fijos a los eventuales ‘por las bravas’ y eso provocará una catarata de despidos (no renovaciones) antes de que la reforma entre en vigor.

    Y lo peor de todo es que Díaz se propone devolver a los sindicatos el poder de controlar los convenios colectivos, dando prioridad a los sectoriales que manejan las grandes centrales sindicales sobre los de empresa, de forma que volverán las huelgas y la conflictividad a las relaciones entre trabajadores y empresarios. No parece el mejor momento para dar mayor protagonismo a unos sindicatos que han demostrado su capacidad para mimetizarse con el paisaje durante toda la crisis, y que han callado como tumbas ante la subida de la luz, entre otros muchos ‘golpes’ a las clases humildes y medias. Hablamos de la misma UGT que participaba directamente en una manifestación de apoyo a los etarras presos y que no ha devuelto un euro de los millones de los EREs dilapidados en juergas de todo tipo y pelaje o de la CCOO que apoya los indultos a los golpistas del procés. Los mismos sindicatos a los que Sánchez ha subido un 56% la subvención anual.

    Lo único bueno de todo esto es que la propuesta de la comunista Díaz tendrá que pasar el filtro de Bruselas, y allí no es fácil que comulguen con atentados contra la libertad empresarial y el dinamismo del mercado de trabajo.

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