17 septiembre 2019
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El milagro de la luz

12 jun 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

Se precisa un milagro de los documentados a San Juan de Sahagún para satisfacer a todos con los pactos o convencer a todos de que lo pactado es lo mejor a la luz de los hechos. En algún acuerdo será preciso el milagro de quien hizo posible la concordia de los bandos salmantinos, que alumbraron la Casa de la Concordia en la calle de San Pablo o la Plaza de Los Bandos, que puede terminar siendo del español cuando el edificio del Banco de España acoja definitivamente la casa de nuestra lengua. Esta plaza y aquella casa junto a la calle de Tentenecio, Pozo Amarillo o Traviesa, la iglesia patronal promovida por el P. Cámara, biógrafo del Santo, la Catedral, que guarda los restos del Patrono o el propio Palacio de Anaya, con su vecina iglesia de San Sebastián son rincones patronales, dignos de ser recorridos este miércoles. La iconografía es visible en alguno de ellos, también en la Plaza Mayor, que exhibe un medallón del de Sahagún, una iconografía que ha visibilizado el agustino Antonio Iturbe en un libro. Iturbe es agustino, como Fray Luis de León, Tomás Cámara y el propio San Juan de Sahagún, y ha rastreado a su hermano de hábito por todo el mundo.

En paralelo a esta presentación Margarita Becedas, estacionera mayor de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca, impartía su lección de ingreso en el Centro de Estudios Salmantinos apoyada en los libros redondos de Torres Villarroel, una de nuestras figuras más originales. No hizo milagros, pero salió adelante, en muchos casos, gracias a ellos. En un santoral civil, Diego de Torres Villarroel merecería ser el patrono de la ciudad por razón de su biografía poliédrica, que abarca desde la picaresca a la sabiduría, pasando por la magia y el gusto por todo. Un tipo esotérico, como la propia Salamanca, tan trufada de enigmas, luces y sombras. De momento, no hay más santoral que el católico ni más patrono que San Juan de Sahagún, en cuya fecha, antes, se celebrada el Día del Empresario y el Festival de las Hermanitas de los Pobres y se iba a la carrera para llegar a todas partes. Hoy la agenda se ha relajado bastante: misa catedralicia y recepción oficial en la Casa Lis, de nuevo acompañados por el matrimonio Poiret. Será en la histórica casa de Miguel de Lis y museo de Ramos Andrade y tendrá algo de despedida a concejales que en la nueva legislatura no estarán por decisión de las urnas o porque así lo han decidido, lo cual tiene también algo de milagroso porque cuesta que alguien se despegue del sillón: Gabriel Risco o Cristina Klimowitz entran en esta categoría. Si al final entrase en el pleno Virginia Carrera estaríamos ante el más femenino de nuestra histórica democrática. Atrás queda la histórica Antonia Andrés, la primera concejala, que lo fue en la Salamanca de 1967.

Cuando finalice este día todo estará preparado para que se haga la luz, que si no es un invento de Ignacio Sánchez Galán podría serlo. Se ponga como se ponga París, Salamanca es la ciudad de la luz. Aquí los turistas se rompen de la emoción cuando ven iluminarse la Plaza Mayor y descubren otra ciudad cuando la pasean de noche. Aquí, el Festival Internacional Luz y Vanguardias construye cada año monumentos efímeros hechos de luz, talento y tecnología. ¿Podríamos crear un museo de la luz, que recogiese las fantasías del festival y recordase a Carlos Luna? ¿Qué pensaría don Carlos, que hizo posible a finales del XIX, el milagro de la luz al ver las obras del “Luz y Vanguardias”? Todo tiene algo de milagro. ¿No le parece?