13 noviembre 2019
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El lucrativo independentismo

16 oct 2019 / 03:00 H.

Si hay algo positivo en esta bronca que han montado los independentistas a raíz de la sentencia del 1-O, es que los sediciosos, sus cómplices y quienes les apoyan, como la monja argentina sor Lucía Caram o los exjugadores del Barcelona y de la Selección Española, Pepe Guardiola y Javi Hernández, esta vez parece que han perdido la batalla del relato victimista de una nación opresora y poco más o menos que antidemocrática. Ellos solitos se están cargando Cataluña, una de las comunidades más modernas y prósperas de España.

Ellos solitos, los “cuatro” que quieren saltarse las leyes y convertir a España en una república bananera, imponer sin ningún tipo de respeto sus “ensoñaciones” independentistas al resto de los ciudadanos, están acabando con la Cataluña de las oportunidades, moderna y abierta al mundo. La imagen del aeropuerto del Prat el lunes, tomado literalmente por los “kale borroka” del independentismo, que bloquearon entradas, salidas y provocaron la cancelación de más de un centenar de vuelos, es lesiva para el turismo, para los negocios y en general para la economía de una ciudad como Barcelona, que siempre ha tenido una imagen de tolerancia y de respeto.

Vamos, yo salgo corriendo si veo una imagen así de cualquier ciudad a la que quisiera viajar o en la que pretendiera hacer una inversión. Saldría pitando por la inseguridad y por la falta de respeto a las leyes básicas de convivencia y por la poca fiabilidad de los gobernantes autonómicos, porque si son ellos, los políticos que están al frente de las instituciones catalanas, los que jalean la insurrección contra las normas que nos hemos dado todos para vivir en paz, en libertad y en democracia, ¿qué garantías tenemos?

Al final tendrán que ser los propios catalanes los que abandonen el miedo, como le ocurrió hace años a los vascos con el amedrentamiento y el terror a los que estaban sometidos por los “chicos de la gasolina” de la banda terrorista Eta. Los catalanes tienen que perder el temor y la primera forma de perderlo es expresar claramente en las urnas su oposición a una banda de políticos que han hecho de la “ensoñación” independentista una forma de vida rentable y por lo que se ve, también cómoda. Y el Estado tiene que cerrar el grifo de la financiación para una causa que no es la causa del pueblo catalán en general. Es directamente un despilfarro de dinero público en favor de intereses personales o caprichos individuales de unos políticos que actúan con una irresponsabilidad manifiesta.

La batalla de la imagen la están perdiendo. De momento ayer, los proindenpendentistas por el mundo, bien alimentados con el dinero de nuestros impuestos, recibieron el primer revés mediático en la convocatoria de la “embajada catalana” en Berlín. Lo cuenta hoy mi colega, paisana y colaboradora de este periódico, Rosalía Sánchez, en su columna de opinión: “El otoño catalán”. Las estelares apariciones de Puigdemont y sus acólitos están empezando a ensombrecerse y eso que invitan a desayunos tipo “buffet”. Ayer solo acudió un periodista o más bien un traductor del proetarra Otegi.

España es un país democrático, tan democrático que hay gente como Pepe Guardiola que calumnia públicamente a nuestro país y no le pegan dos tiros, como ocurriría en otros países ponderados por él o por sus amigos, como el “valiente” Javi Hernández, que habla maravillas de Qatar y de la libertad con la que viven en el país árabe donde las mujeres siguen siendo sometidas en pleno siglo XXI a la tutela masculina durante toda su vida.

La valentía con la que opina y con la que cuestiona la calidad democrática de España el “exculé”, la podría utilizar para denunciar el abuso y la falta de derechos de las mujeres del entorno en el que vive o tal vez su vileza, su ignorancia o su cobardía le impidan reconocer una realidad, la de Qatar. En castellano podríamos resumirlo con un refrán que le viene al pelo a catalanes como Guardiola o como Hernández: No muerdas la mano que tan bien te da de comer.