27 noviembre 2021
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El lado más oscuro de Parot

18 sep 2021 / 03:00 H.

    En España hay víctimas de primera y de segunda, que son las que están fuera de la agenda del Gobierno. Son las víctimas a las que se les acusa de no querer mirar hacia adelante, de huir de la concordia y con la mente puesta en un pasado incómodo para nuestros dirigentes.

    Hay víctimas de primera, las del franquismo, a las que el Gobierno protege con la Ley de la Memoria Democrática. Y otras, las de ETA, a las que no hay Ley que proteja ni intención de redactarla. Las víctimas de primera, las del franquismo, tendrán dos homenajes al año. Por supuesto, también por Ley, se sancionará con hasta 150.000 euros cualquier convocatoria que entrañe descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas o de sus familiares. Las víctimas de segunda, las de ETA, ven cómo el Gobierno silba cada vez que los simpatizantes de la banda convocan homenajes a asesinos. Solo en 2021 van ya 20 a miembros de ETA y 11 manifestaciones en favor de la amnistía de los presos. En los ongi etorris no faltan paseíllos y aplausos.

    Hay víctimas de primera, las del franquismo y a las que por ‘interés social’ será necesario localizar en las fosas. Y otras, las de segunda, que han tenido que esperar a que fuera Bruselas y no el Gobierno de España quien diera el paso para investigar los 377 asesinatos de ETA sin esclarecer.

    Con el franquismo hay que recordar para que la historia no se repita. Con ETA, hay que olvidar para reconciliarse. Por eso ETA se pasa de puntillas en el colegio. Mejor no hablar. Mejor hacer creer que no ocurrió. Mejor extender la política del silencio represivo que ha imperado durante años en el País Vasco. De eso no se habla, tu sufrimiento no cuenta, solo el del padre o el de la madre del etarra encarcelado.

    Sabíamos que había víctimas de primera y de segunda para el Gobierno. Pero no que una manifestación homenaje a uno de los etarras más sangrientos, a Parot, iba a ser despachada por los jueces igual que si se pidiera la desconvocatoria de la manifestación del orgullo pelirrojo. En ambas prevalece el derecho de reunión y manifestación, sin matices. Da igual que el homenajeado Parot asesinara a 39 personas. Eso sí, que vayan las fuerzas de Seguridad por si acaso resulta que homenajear a un etarra condenado a casi 4.800 años puede acabar en enaltecimiento del terrorismo. Solo el hecho de homenajear significa muestra de respeto, en este caso a un etarra.

    Víctimas de primera... y víctimas de segunda. Como lo fue el sepulturero al que asesinó ETA por negarse a dejar de fabricar los ataúdes en los que se enterraba a los guardias civiles. Como el Guardia Civil de solo 20 años de Ciudad Rodrigo asesinado por ETA en un control. Como el coronel salmantino al que mató Parot: primero disparo de ráfagas de metralleta al coche en el que viajaba y, por si acaso, luego granada al interior del vehículo.

    Hay víctimas de primera... y víctimas de segunda, como los 5 niños víctimas de Parot de la casa cuartel de Zaragoza. Y asesinos de primera, como Parot, que lloró lo que quiso cuando fue detenido en Sevilla con 300 kilos de explosivos. Sin arrepentimiento, porque para eso es de primera, y ya en la cárcel de León por gracia del Gobierno, el mismo que ahora comparte homenajes de paripé con las víctimas. El mismo que se niega a elaborar una Ley similar a la franquista para las víctimas de ETA. Memoria democrática frente a olvido.

    En México un muerto vive siempre que permanezca en el recuerdo de sus familiares. Solo ese recuerdo mantiene a las víctimas de ETA y solo ese recuerdo ha desconvocado el homenaje de Mondragón, aunque haya sido para repartirlo en varios vergonzosos actos. La fuerza del recuerdo, pequeña y única arma de los demócratas.

    Pedro Fernández, 35 años, asesinado por ETA porque su cafetería la frecuentaban policías y guardias civiles. Ángel García, 20 años, tiroteado en un bar lleno: nadie quiso colaborar para dar con sus asesinos. Manuel Hernández recibió un tiro a bocajarro delante de sus niñas de 5 y 7 años...

    “Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida” (Octavio Paz).

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