04 agosto 2021
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El indulto a Hitler

19 jun 2021 / 03:00 H.

    Es normal que las palabras ‘diálogo’ y ‘perdón’ sumen adeptos. Me explico: ¿Alguien puede estar en contra? ¿Alguien puede pensar que la propaganda de Moncloa no es magnífica? ¿A alguien le puede sorprender que un empresario como Garamendi pida ‘diálogo’ y ‘perdón’ si eso conduce a la estabilidad en los bolsillos?

    El problema está en el qué y en el cómo porque la realidad no es de paz y amor y el futuro tampoco se dibuja con una paloma blanca. Los obispos catalanes piden diálogo entendido como renunciar a las propias exigencias y no quieren ver -¿o sí y lo saben?- que lo que tenemos sobre el tablero es un escenario de rendición.

    Me explico. En cualquier conflicto hay dos partes y en este caso una, el Gobierno, ofrece todo, hasta el punto de que el Ejecutivo se atreve a rectificar una sentencia del Supremo y desoye que los indultos no cumplen con las condiciones, como le reitera el propio Tribunal, y que no hay “razones de Justicia, equidad y utilidad pública” que los justifiquen. En cambio la otra parte, la independentista, no se mueve del conflicto y solo ve en el indulto una victoria para seguir en la lucha.

    ‘Me explico’ es el título del libro de Puigdemont que hace las delicias del independentismo. En su prólogo escribe que no hay un botón que con solo pulsarlo aparezca la República “pero es un proceso -dice- que ya ha empezado y del que no hay marcha atrás”.

    Me explico, porque los demás también tenemos derecho: no hay un solo líder del independentismo que diga que el indulto sea un paso para vivir felices y comer perdices con Cataluña integrada en España. Esa ilusión está en el ideario demagógico de Sánchez que nos repiten todos los miembros del Gobierno -tú también, Margarita, que desilusión-. Y que ahora además han hecho suyo los buenos palmeros que necesitan estar cerca de Sánchez porque ya suena la bolsa con el dinero de los fondos europeos. ¿Verdad, Garamendi?

    También apoya el paz y amor gente que de buena fe cree que este es el único camino y no le importa que para transitarlo tengamos que salirnos fuera del estado de derecho. ‘Quizás tengan el mejor país del mundo en casi todo y no quieren ni darse cuenta’, que decía Calamaro en una entrevista en Abc, y quizás ese bienestar que parece eterno nos lleve a no darle valor ni al estado de derecho.

    Detrás de los indultos no hay paz, no hay normalización. Pero no porque lo digan los contrarios al indulto, es que lo dicen los propios independentistas, como la ‘Junts’ Laura Borrás: ‘el indulto no es una solución’. Lo dice Cuixart: ‘la prioridad como preso político no es salir de la cárcel’. Y fue más claro Junqueras: ‘el indulto se lo pueden meter por donde les quepa’. Para ellos el indulto sólo es el paso para sentarse en la mesa de negociación con las cartas ganadoras. Es un volver a empezar hacia la independencia de Cataluña, pero desde el trampolín.

    Le atribuyen a Churchill la frase: ‘Un apaciguador es alguien que alimenta el cocodrilo, esperando que se coma a otro antes que a él’. Parece que le va como anillo al dedo al apaciguador Pedro Sánchez, que con los indultos y su magnanimidad coge el aire del apoyo de ERC para seguir en Moncloa. A cambio, blanquea el golpe de Estado y el independentismo y deja a España como un país sin credibilidad a los ojos de Europa. ¿Quién va a entender que se pida la extradición de Puigdemont?

    Pero a otros golpistas no arrepentidos les han indultados, hay precedentes. Un tal Adolf Hitler dio un golpe de estado y fue condenado a 5 años de prisión porque magnánimos alemanes entendieron que era demasiado la cadena perpetua que marcaba la ley. Permaneció 9 meses en prisión con todo tipo de privilegios -¿les suena?- , escribió allí su nueva hoja de ruta -’Mi lucha’- y la magnanimidad alemana le concedió el indulto. A diferencia de los independentistas, Hitler mostró arrepentimiento. El primer ministro bávaro, magnánimo, se vio victorioso y entonces fue cuando le dijo a su ministro de Justicia: “la bestia salvaje está controlada. Podemos permitirnos aflojar la cadena”. Y lo que ocurrió después no hace falta recordarlo.

    Pero mejor no hablemos de este tema tan árido del indulto. Mejor dejarlo estar, mejor pensar que es cosa de políticos y mejor creer que ni nos va ni nos viene. Seguro que es más importante celebrar que el 26 saldremos sin mascarilla, hablar de la vacuna y contar cómo serán nuestras vacaciones. Paz y amor. Diálogo y magnanimidad. Viva el presidente.

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