10 diciembre 2019
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El espejo del tiempo

29 oct 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

A falta de pan buenas son tortas, dice el refrán que por viejo es sabio. Y en esas andamos, echando mano de las tortas una vez que el pan nos lo comimos tan ricamente sin pensar que aquello que no se administra bien acaba agotándose, y como no supimos o no quisimos administrarlo, pues a consolarnos toca con lo que nos queda, o sea, con las tortas.

Es llamativo cómo una cultura, la nuestra, tan rica en tradiciones, va sin embargo poco a poco aparcándolas para ir dejando sitio a costumbres foráneas, sin raíces, pero que enseguida encuentran seguidores que se olvidan de las suyas y, como si se sintieran huérfanos de algo, abrazan las que les llegan como llovidas del cielo, y así van cambiando los gustos, las modas, las conductas y otras cosas, efecto de una táctica globalizante.

Sin embargo, lo esencial se mantiene. Si echamos un vistazo sobre nosotros mismos, sobre lo que hemos ido dejando en el camino conforme avanzábamos por él, vemos que no nos apeamos de la burra que nos lleva camino adelante por donde le da la gana, y como es terca, de idea fijas y hábitos inmutables, no abandona la vereda acabando siempre en el mismo sitio y, una vez allí, vuelta a empezar.

Pues esto de ahora que tan entretenidos nos tiene un día y otro sin que parezca vaya a terminar nunca, es “un vuelta a empezar”, otro más de los muchos que llevamos. Me explico para darle sentido a lo escrito por si no queda claro. Somos como somos porque somos como hemos sido siempre, muy cerrados, a veces tanto que no vemos alrededor otra cosa que a nosotros mismos y a nadie más, convirtiéndonos en principio y fin de todo lo existente, cayendo de esta manera nuestra (otros pueblos lo hacen a la suya, el “brexit” es un ejemplo de ello) en un individualismo tan estúpido como absurdo y degenerativo.

Esto que van a leer ahora está escrito en 1933, o sea, hace 86 años, en plena Segunda República, tiempo aquel igualmente convulso e inseguro. Me motivan un tema de actualidad que está dando muchísimo de sí, el catalán, y un personaje siempre también de actualidad, por inagotable, Unamuno, autor de lo que van a leer, fragmentos extraídos de un artículo titulado “País, paisaje y paisanaje”, publicado el 22 de agosto de aquel año en el periódico republicano de ideología azañista “Ahora”, dirigido por Manuel Chaves Nogales: Los de la diferenciación -apuntaba Unamuno-, suelen ser señoritos de aldea, que no aldeanos, cuando no algo peor... Son los que han inventado lo del meteco, el maqueto, el forastero [y el charnego, añado yo], o sea, el marrano... Ellos se creen, a su manera, arios..., son en el fondo resentidos; resentidos por fracaso nativo.

Él pensaba en los vascos cuando lo escribió, que por ser vasco sabía lo que decía: Les conozco a estos pobres diablos; les tuve que sufrir antaño. Querían convencerme de que eran una especie de arios, de una raza superior y aristocrática. Conocí a más de uno que en su falta de conocimiento de la lengua del país nativo estropeaba adrede la lengua integral del país histórico, de la patria común, de esta mano que nos sustenta a todos los españoles.

Y luego decir que se les oprime, que se les desprecia, que se les veja, y falsificar la Historia, y calumniar. Y dar gritos los que no pueden dar palabra.

¿A qué y a quiénes retratan estos comentarios de don Miguel, que parecen escritos ayer? porque no hace falta mirar lejos para ver con espeluznante nitidez a los retratados, a toda esa fauna que se mueve, parte entre barricadas, parte entre despachos, al ser la misma plasta, más tóxica la de moqueta que la de adoquín (porque la de moqueta piensa, la otra sólo embiste) y toda ella, cada parte en su papel, protagoniza una revuelta de masas bien organizadas y mejor nutridas, no de famélicas y desvencijadas legiones... por causa de una “ensoñación”. ¿Les suena este término sentencioso? Y al paso que van acabaremos, a falta de pan, comiéndonos las tortas. Miro al espejo del tiempo y lo veo venir.