04 julio 2022
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El Emir

23 may 2022 / 03:00 H.

    Tito, hijo del emperador Vespasiano, le reprochaba a su padre el cobro de impuestos por el uso de las letrinas públicas. Ajeno a los escrúpulos del vástago y, dispuesto a darle una lección, Vespasiano le acercó a su hijo las monedas fruto de la primera recaudación, en las que naturalmente figuraba su efigie, y le preguntó si acaso le molestaba el olor. Suetonio nos dejó escrita la sentencia: “Pecunia non olet” (el dinero no huele), que hoy se sigue utilizando con cinismo para reafirmar el valor del dinero, independientemente de la nobleza o vileza de su origen. Esa anosmia, ya arraigada en el corazón del imperio en el primer siglo antes de Cristo, no solo ha pervivido hasta nuestros días sino que parece haberse extendido como epidemia aceptable, de manera que quienes conservamos todavía cierta capacidad olfativa nos sentimos a menudo como bichos raros. Así me he sentido yo durante la visita del Emir de Qatar, que con su inversión de 4.700 millones en España ha puesto precio a nuestros principios. ¡Una ganga, oiga!

    Qatar es un país en el que no hay democracia. Gobierna la misma familia desde el siglo XIX y solo en octubre del año pasado fue escenificada una primera elección del Shura, una especie de cuerpo legislativo que, sin embargo, no debate ni cuestiona las decisiones del Emir ni de sus Consejos Supremos. Se trataba de un intento de mejorar su imagen de cara a la FIFA, pero se podían haber ahorrado el gesto. Hubiera bastado con soltar unos millones. Cada vez que me encorajina lo perniciosos que son nuestros partidos políticos, inspiro profundamente y pienso por un momento en Qatar, donde no existen, y el ejercicio me sirve para reconciliarme con la precariedad de nuestro sistema de libertades, porque el panorama en la península arábiga es, sinceramente, mucho más desolador. En Qatar, las mujeres deben conseguir el premiso de sus tutores masculinos para casarse, estudiar con becas, viaja al extranjero, acceder a empleos gubernamentales o recibir atención médica en cuestiones reproductivas. No pueden ser tutoras de sus hijos. Una vez casada, se puede considerar que la mujer el “desobediente” si no cuenta con el permiso de su marido para cualquier actividad, lo que conlleva un castigo penal, mientras que los hombres pueden casarse con hasta cuatro mujeres al mismo tiempo. El artículo 281 del Código Penal catarí establece que las relaciones sexuales fuera del matrimonio se castigan con 7 años de prisión y cien latigazos añadidos si los infractores son musulmanes, de manera que si una mujer denuncia una violación se autoinculpa. En Qatar, la homosexualidad es castigada por ley con hasta cinco años de cárcel y en el caso de que los homosexuales sean musulmanes pueden llegar a ser ejecutados porque en el país rigen la Saría. Qatar subió 11 puestos en la Lista Mundial de Persecución Religiosa en 2022, principalmente por la opresión que sufren los trabajadores extranjeros que profesan el cristianismo, aunque el riesgo es mayor para los cristianos nativos exmusulmanes. Las cristianas exmusulmanas tienen prohibido expresamente casarse con hombres de su misma fe y el cristianismo en general se vive en la clandestinidad. Las condiciones laborales de los inmigrantes son medievales y la libertad de expresión desconocida. Podría seguir hasta la contraportada, pero prefiero formular ya mi pregunta: ¿Se puede saber qué hacemos aceptando el dinero del Emir? Bastante triste es ya que el universo del fútbol se encoja de hombros ante toda esta miseria, pero ¿qué hacen el presidente del gobierno y el Rey, que nos representan a todos, posando en fotos con él, riéndole las gracias y blanqueando su totalitarismo? ¿Vamos a prescindir del gas ruso para sustituirlo por el gas del Emir? Ni tapándonos la nariz evitaremos el olor de ese dinero, que huele a indiferencia y a complicidad.

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